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La vida… (7)
Fecha: 31/08/2026, Categorías: Gays Autor: ozkar55, Fuente: SexoSinTabues30
... “Mirá, Joaco: le dejaste tus bolas junto a las de él, de bien que le entró, jajajaj”. Recién entonces me avivé que javi, lo que había hecho, era juntar mis bolitas con los huevos de Joaco. En tono de burla, Joaco le disparó, “Como te gusta tocarnos las bolas, Javi…”. “La concha de tu hermana, Joaco, a mi no me gustan las bolas”, se defendió el otro. “Y entonces, ¿por qué las seguís tocando, Javi?” retrucó Joaco, provocando un coro de risas de los demás y el rápido retroceso “¡Anda al carajo, boludo!” mientras soltaba nuestros testículos. Hasta a mi me causó gracia el intercambio, pero con la pija de Joaco bien encajada dentro mío, y el peso de su cuerpo encima, no podía ni reírme siquiera en esos momentos. Volviendo su atención hacia mi, Joaco me dijo “Ahora te voy a coger, Betito”. Aterrado, pensé “¿Me va a coger…? ¡¿Y qué fue lo que hizo hasta ahora, entonces…?!” Lo sentí acomodarse sobre mi otra vez, ahora buscando una posición que le resultara cómoda para lo que se venía. Pero yo sentía mis brazos y piernas agarrotados por el esfuerzo. “¡Pará, Joaco, espera…!¡No aguanto más..! ¡Por favor Joaco!”, le rogué. Me miró como sorprendido y me preguntó “¿Qué te pasa, Betito, te duele mucho el culo?” con tono de preocupación. “¡Sí…, no…, pero no…, no es por eso…!” me embarullé al responderle. “¡Sos muy pesado, Joaco, me estás rompiendo los brazos, no aguanto más esta posición…!” completé mi ruego. “¡Perdoname, Betito, no me di cuenta, te lo juro!” se ...
... disculpó enfáticamente Joaco, mientras se apoyaba sobre sus propios brazos y piernas, liberándome de su peso y quedando ambos en cuatro patas, yo debajo de él, y unidos por su pija. “Betito, trata de cruzar tus piernas por detrás de la mías…”, pidió, mientras me abrazaba la cintura con un brazo, levantándome apenas para liberar mi peso. No entendí, pero traté de hacer lo que me pedía. Cuando sintió mis piernas rodeando las suyas, movió hacia arriba la parte superior de su cuerpo, enderezándose, y abrazándome con el otro brazo por el pecho me llevó pegado a él hasta que ambos quedamos sentados: él sobre sus piernas y yo sobre su falda. No entendía que estaba tratando de lograr, pero el alivio de su peso sobre mi cuerpo me calmó bastante. Separé mis propias piernas y las puse al costado de las suyas, buscando mayor comodidad; al notarlo me abrazó por el pecho y puso la otra mano sobre mis genitales, masajeandolos con calma. Increíblemente, el conjunto de sensaciones me indujo a apoyar mi cabeza contra él, descansando confiadamente mientras cabalgaba su pija. Los demás de la barrita se habían mantenido observándonos en calma, conversando entre ellos sin intentar intervenir mientras Joaco no daba indicación alguna. Pero cuando él pidió que acercaran unas colchonetas que estaban contra la pared, obedecieron de inmediato. Eran de unos dos metros de largo por unos cincuenta centímetros de ancho, creo, forradas en algún material sintético de color negro. Cuando las ...