1. Elda, la instructora de la Sección Femenina (III)


    Fecha: 01/09/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Amorclandestino, Fuente: CuentoRelatos

    ... lascivos– ¡Podríamos compartirte! ¡Ja, ja, ja, ja, ja! –se ríe con crueldad. Puedo sentir el hedor de su asqueroso aliento.
    
    –¡Nuestra alcohólica Zorrelda ha sido traicionada por dos de las suyas! ¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¡Ahora está bien jodida y su destino va a ser sangrando y descomponiéndose en una cuneta como la hija de puta, asesina y mala perra que es! –me dice en un tono de voz encolerizado y apretando los dientes, sin dejar de mirarme con lascivia y todavía lastimándome mis pobres delicadas mejillas.
    
    –¡Y tú estás también bien jodida…! ¿Sabes que entre la gente de por aquí el pueblo ya se rumorea sobre tus trabajitos de más para Zorrelda? ¿Cuánto te paga de más, eh, putita? –me dice el otro, con la misma mirada y en el mismo tono de voz y riéndose con maldad– ¡Responde, coño! –alza todavía más el tono de voz en mi oído, lo que provoca que me sobresalte de nuevo y mi bloqueo y mi llanto se intensifiquen todavía más.
    
    –No me hagáis nada… No nos hagáis nada… Por favor… Os lo ruego… –les suplico llorando a lágrima viva.
    
    Acto seguido, el que me hacía daño en las mejillas me agarra violentamente del pelo de mi corta melena y me fuerza a levantarme de la silla mientras que el que me gritaba a la oreja me tapa la boca atándome fuertemente un pañuelo, me ata también las muñecas, me pone la zancadilla y caigo al suelo. Los dos empiezan a reírse a carcajadas y a escupirme. Estoy bloqueada y realmente asustada y solo hago que llorar y respirar con dificultad.
    
    –¡El ...
    ... destino de tu querida va a ser tirada en una cuneta perdida en algún lugar perdido del país, sangrando y comiéndosela los carroñeros como la puta cerda que es! ¡Y el tuyo también va a ser el mismo! ¡Ja, ja, ja, ja, ja!
    
    De repente, empiezo a reaccionar. Entonces, pese a ser una chica débil (todo lo contrario que Elda) una fuerza desconocida se apodera inexplicablemente de mí. Ese sentimiento de que si la atacan a ella también me atacan a mí. De que su felicidad, su tristeza y su enfado son también míos. No puedo consentir que hablen así de Elda. De mi amada. Me hierve la sangre de la impotencia y de la rabia. Empiezo a reaccionar. Me levanto con dificultad. Intento desasirme de la cuerda con la que me han atado fuertemente de las muñecas, algo que medio consigo.
    
    –¡Aarrggmmpff! –chillo con la boca amordazada con el pañuelo– ¡Sois unos hijos de puta desgraciados! ¡No voy a consentir… ¡No voy a consentir a nadie que hable así de Elda! –grito, dirigiéndome rápidamente a ellos y, no sé cómo, terminando de desasirme de la cuerda.
    
    Entonces, una vez delante de ellos empiezo a darles bofetadas, puñetazos y patadas.
    
    –¡Sois unos hijos de la grandísima puta! ¡En cuanto Elda os encuentre os va a reventar y s matar y os va a dejar tirados como los putos guarros que sois! ¡Putos desgraciados! –grito mientras les agredo, entre lágrimas de ira e impotencia.
    
    –¡EH! ¡Las manos quietas, taponcete! –me grita uno de ellos. Acto seguido, me suelta una fuerte bofetada en la mejillas seguida ...
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