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Elda, la instructora de la Sección Femenina (III)
Fecha: 01/09/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Amorclandestino, Fuente: CuentoRelatos
... que contenta. Las horas transcurren entre mucho trabajo. Las campanas repican doce veces. Son las doce de la mañana. Hora de educación física. Ella se va al claustro con sus alumnas, yo me quedo en el despacho trabajando. Escucho los gritos de Elda al compás de sus sonoros pitidos con el silbato desde el despacho y del sonido de los balones de fútbol y baloncesto botando en el suelo sin cesar. Me admira y me atrae en sobremanera escuchar desde el despacho sus severos gritos de sargento al compás de los fuertes pitidos que hace con su silbato en Educación Física. ¡Y ay en sus clases de Formación del Espíritu Nacional…! Ese rabioso y apasionado fervor patriotero… Sonrío, suspiro, se me sonrojan las mejillas, se me empañan los ojos con ganas de llorar de la emoción, se me contrae el estómago… Al mismo tiempo, se me eriza la piel y los vellos, empiezo a sentir calor dentro de mí… En tan poco tiempo se me han despertado demasiados sentimientos y sensaciones hacia esta mujer, con muchísima intensidad. Jamás pensé que me sentiría así por alguien, todavía menos por una mujer. De repente, el sonido de cristales rotos y de sonoros disparos y gritos de espanto de las estudiantes al unísono me devuelven a la realidad. Al instante, entro en un fuerte estado de ansiedad, lo que provoca que mi respiración se agite y mi corazón martillee y se acelere. En cuestión de segundos dos sonoras detonaciones rompen los cristales de una de las ventanas del despacho. Me sobresalto del ...
... susto de muerte que me doy, hasta el punto de caer de la silla. Grito y empiezo a temblar. Irrumpen en el despacho dos hombres armados vestidos con una boina roja, una chaqueta marrón y unos pantalones anchos verdes. Entonces lo supe. Maquis. Eran maquis. En algún momento u otro esto tenía que suceder. Elda ya me lo repetía cada dos por tres. Estoy paralizada. –¡Vaya, vaya, vaya! ¡Qué tenemos aquí! –grita uno de ellos en todo de burla en cuanto me ve. Ambos caminan lentamente dirigiéndose a mí, acercándose a la mesa y mirándome con lascivia y crueldad. A medida que se acercan, mi sentido del olfato siente con más intensidad el hedor de estos hombres, causado por la falta de higiene. Estoy paralizada. Tengo miedo, mucho miedo. –¡Vaya suerte la de Caudilla Zorrelda «la alcohólica» como bien nos han indicado vuestras dos desertoras! ¡Es un secreto a voces lo bollera que es! ¡Yo también quisiera una así! ¡Estás para hacerte un favorcillo, eh! –me dice uno de los dos, en un tono lascivo, mientras pone su asquerosa mano sucia y llena de callos debajo de mi barbilla, haciendo fuerza con los dedos pulgar e índice en mis mejillas, deformando violentamente la expresión de mis labios, como si fuera un pez. Empiezo a llorar. –¡Claro que sí, camarada! La única cosa buena que tiene la fascista de mierda, alcohólica y bollera Zorrelda es su gusto hacia las mujeres –se vuelve hacia mí y me grita al oído– ¡Ufff…! ¡Estás muy buena…! –me dice, dedicándome una mirada y un tono de voz ...