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Elda, la instructora de la Sección Femenina (III)
Fecha: 01/09/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Amorclandestino, Fuente: CuentoRelatos
Elda y yo caminamos hacia el despacho después del altercado violento en el que me ha defendido del acoso las tres alumnas que me han humillado y también a sí misma de las barbaridades que han dicho de ella y de su vida. Una vez dentro, todavía sosteniéndome de mi esbelta cintura con su gran brazo y su manaza derecha, me mira a los ojos y se percata de que continúo llorando. Acto seguido me abraza sin pensarlo. Me encuentro llorando desconsoladamente abrazada a ella. –Lo siento… Lo siento muchísimo… De verdad… Te pido perdón… Me siento tan y tan culpable… –me disculpo entre amargas lágrimas. Siento sangre en mi boca y la mitad de la cabeza hinchada de la patada que me ha pegado una de las tres alumnas que me acosaban. –Ya está… Ya está… –me dice, en un tono de voz apenado mientras con sus manazas me acaricia la espalda y el suave cabello de mi corta melena y mis delicadas mejillas mojadas, secándome las lágrimas. En un momento dado, se agacha para llegar a mi rostro, me besa la frente y me acaricia la cabeza y el rostro, mirándome fijamente y con tristeza e impotencia en sus ojos. –Madre mía, lo que te han hecho… Es que… ¡Joder! Menudas desgraciadas e hijas de puta… –puedo ver como de sus pequeños ojos cafés caen lágrimas de ira e impotencia, que rápidamente se seca– De veras, no sé por qué me pides disculpas. Te las tendría que pedir yo a ti en todo caso, ya que como directora de este centro he sido la primera responsable de que estas arpías siguieran aquí ...
... parasitando y zorreando, que es para lo único que sirven las muy perras y malas. ¡El espíritu nacional se desentiende totalmente de escoria como esta! –Te entiendo, pero es que me siento tan y tan culpable… Llevaban acosándome días… No te lo llegué a decir por miedo… Yo misma he permitido que la situación llegue a este punto… Lo siento muchísimo, de veras… –le digo entre amargas lágrimas, mirándola fijamente a su profunda mirada. –De veras, no sufras, Candela. Otra vez, ya sabes. Ya sabía yo que en algún momento u otro no me quedaría otra alternativa que actuar así contra ellas, sea por el motivo que sea. ¡Son más malas que la peste! Acto seguido, se agacha para llegar a mi rostro, me decanta delicadamente el cabello en los oídos y me besa lentamente la frente y las mejillas. Nos abrazamos de nuevo. Es la primera vez que somos una fundiéndonos en un abrazo. Con su abrazo, sus besos y mis caricias, poco a poco amaina mi llanto y mis latidos. Me siento muy vulnerable y al mismo tiempo muy protegida a su lado. Solo con sentir el peso de su cuerpo, ella tan alta, gordita y corpulenta conmigo, yo tan bajita, delgada y menuda a su lado, siento con intensidad una palpitación en mi corazón pese a los martilleados latidos de ansiedad, seguida de una contracción en mi estómago, además de como se eriza mi piel, especialmente mis pechos y pezones. Si por mí fuera, se podría parar el tiempo en este bello instante entre las dos. Pasados unos minutos que, si por mí fuera, ...