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COMO SI FUERA LA ÚLTIMA CENA
Fecha: 03/09/2026, Categorías: Hetero Autor: Chicles, Fuente: SexoSinTabues30
La música era suave, justo lo que requería para vencer tu timidez mientras bailábamos en tu departamento. Aunque ya había estado ahí, siempre estuvimos acompañados por más de una persona y lo único que había sucedido fue compartir animosamente la amena charla que se daba. Todas las otras veces, alguno de los últimos en despedirse, se ofrecía para llevarme a mi casa y tú insistías en que “aprovechara el viaje” debido a lo avanzado de la hora, porque llovía o cualquier otra causa que se justificaba con lo “peligroso que era para una mujer andar sola”. Nunca tuve la suficiente entereza para negar con decisión la sugerencia. Pero esta vez estábamos solos. Cierto es que ejercí algo de presión para que así se diera, pues cuando me invitaste a comer aproveché que me dijiste “a donde tú quieras”; habías cobrado una cantidad adicional por un trabajo en el que participé con una ayuda mínima pero definitiva y querías agradecérmelo, así que elegí “a tu departamento”. —Ahí no tengo casi nada, amén de que cocino muy mal y quiero complacerte con una buena comida —trataste de disuadirme. —Pasemos alsúper por lo que haga falta, yo sí sé cocinar y lo hago muy bien, además tú me pediste que eligiera el lugar. Yo quiero que sea ahí —insistí rotundamente sin darte alternativa y sonreíste moviendo la cabeza para rechazar mi obstinación, pero aceptando mi argumento. Así, obligado, accediste y fuimos a comprar lo necesario para preparar las viandas. Me ayudaste a cocinar, pero también ...
... fui preparando la urdimbre para atraparte… Después de la comida —que se convirtió en cena dado lo avanzado de la hora en que llegamos a tu casa—, y brindar por ti, por tu creatividad y tu trabajo, te pedí que pusieras música para bailar. Nos quitamos el calzado para sentir directamente en la piel de los pies la caricia de la mullida alfombra. Poco a poco me fui pegando a ti en el baile y te fuiste excitando. En un intermedio que hicimos fui al baño para quitarme el sostén y la pantaleta; me quedé solamente con el vestido blanco cuya holgura y con la poca iluminación que había, no se podía apreciar que era la única prenda de vestir que traía encima. Lo descubriste cuando bailamos la siguiente pieza: me pegué más a ti y en vez de la firmeza de las copas de mi sostén sentiste la suavidad de mi pecho. Junté un poco más mi pubis al abrazarte de la cintura y en él disfruté cómo crecía tu pene, ¡habías caído! Te besé la mejilla, lanzaste un suspiro y me apretaste más hacia a ti. Después subiste tu mano derecha hasta mi espalda y la acariciaste de lado a lado y de arriba a abajo para constatar que no traía sostén; la seguiste bajando para acariciar mis nalgas y yo también hice lo mismo contigo empezando desde tu cintura; desinhibido por completo, subiste la mano rodeando mi cintura hasta llegar a mi pecho y fue el inicio de la lujuria, pues con las dos manos te tomé de las nalgas y cada una de tus manos se posó en mi par de tetas. —Es muy bonito, está suave… —dijiste al comenzar ...