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COMO SI FUERA LA ÚLTIMA CENA
Fecha: 03/09/2026, Categorías: Hetero Autor: Chicles, Fuente: SexoSinTabues30
... brazos me olvidé del tiempo; afortunadamente, en mi casa había dicho que llegaría muy tarde, o tal vez muy de madrugada, según como estuviera la fiesta a la que dije acudiría. ¡Vaya que era toda una fiesta! Bailamos desnudos, como tú querías. Nuestras manos acariciaban frecuentemente el sexo del otro. Tomé tu erguido pene y lo froté en mi clítoris y en los lubricados labios hasta que alcanzó un enorme tamaño y lo dirigí hacia el interior de mi vagina. “¡Ahh!”, fue todo lo que pude decir antes de colgarme con los brazos de tu cuello. Me cargaste, sosteniéndome del trasero, y rodeé tu cintura con mis piernas, cruzando los pies para no resbalar. Nos besamos y me comencé a mover y, entre gritos, alcancé el primer orgasmo; continué así hasta lograr otros dos más antes de sentir que tú te venías; al percibir la tibieza de tu líquido tuve el cuarto orgasmo y te apreté con más fuerza la cintura, pero mis fuerzas disminuyeron, al igual que las tuyas: tu miembro se empezó a poner flácido, bajé mis piernas lentamente y al tocar con mis pies la alfombra se escuchó el ruido de la salida del aire que se había concentrado en mi vagina con el bombeo; tu pene quedó afuera, lustroso con la viscosidad de nuestros líquidos, mis muslos salpicados con ellos y el resto me escurría sobre la pierna izquierda —seguramente la que bajé primero— mostrando hilos de diferentes tonos blancos, desde la transparencia total hasta el intenso argentino. Sabía que este último te pertenecía, que el blanco ...
... crema era mío y el restante… ¡sabe dios! Decías palabras tiernas que nunca antes me habías dirigido, nos acostamos sobre la alfombra, quedamos boca arriba, pero me subí en ti para limpiarte el pene con mi boca, te ofrecí mi vulva para que hicieras lo mismo. Tu lengua trabajó primero en mis piernas y, por último, llegó a mi vagina. —Sabes rico —te dije, interrumpiendo mis chupetones, mientras jalaba tu miembro para que saliera el semen que aún tenías atrapado. —Tu sabor es más rico —dijiste deglutiendo la abundancia de jugos que aún quedaban dentro de mí. —Eso crees tú, porque estás probándonos a los dos, pero yo ya probé lo que es sólo tuyo —dije al pasar por mi garganta las dos últimas gotas que te extraje. Tu pene comenzó a crecer nuevamente, así que me acomodé hincada, de frente a ti, con tu cadera entre mis piernas. Me ensarté y cabalgué sobre de ti, mirando cómo se alternaban tus gestos con tu sonrisa. “Siento hermoso y me excito más al ver cómo se mueve tu pecho”, explicabas. Cerré fuertemente los ojos y di un grito estentóreo al sentir el siguiente orgasmo. Mi cuerpo se aflojó y, echándome hacia adelante, descansé sobre las palmas de mis manos. Mi cuerpo brillaba por el sudor que me escurría; dos gotas cayeron sobre ti, una de cada pezón, y te incorporaste un poco para chupármelos alternadamente; con una mano acariciabas el pecho que me quedaba libre y la otra resbalaba de mi espalda hasta mis nalgas acariciando mi ano en su viaje. Desfallecida, me acosté ...