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Presa escurridiza - Cap 8
Fecha: 03/09/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: tripleG, Fuente: TodoRelatos
... Ralphie se detuvo a unos cinco pies (como 1,5 metros) de distancia y se cruzó de brazos. Seguía mostrando aquella sonrisa desagradable. "¿De quién eres tú, muchachita?" “Tuya no, en cualquier caso." Le sonrió dulcemente Kimberley. "No eres de nadie ... todavía." La sonrisa de Ralphie se hizo más ancha y menos agradable." ¿Qué tal si te conviertes en mi muchachita en este momento?" Dio medio paso hacia adelante, tratando de parecer amenazador. No encajaba con él. Por el rabillo del ojo, Kimberley se dio cuenta de que el camarero miraba la escena con atención. Su postura le sugirió que iba a moverse inmediatamente si Ralphie intentaba realmente algo. Bueno, sin duda era grande y corpulento como para ser un gorila, pero Kimberley quería manejar aquello por sí misma, como haría la Chica-elfo. Se recostó en la silla. Su mano cayó casualmente en la empuñadura del cuchillo de supervivencia. Ralphie lo notó. "Inténtalo,” respondió dulcemente Kimberley, con voz lo suficientemente alta para que todos la oyeran. "Y yo te haré MI muchachita." Ralphie vaciló, miró a su alrededor a Jack, quien se limitó a sonreír y sacudió la cabeza. Uno de los hombres comenzó a reír y otros se le unieron, entre ellos el camarero. Con la cara enrojecida, Ralphie lanzó a Kimberley una última, venenosa, mirada, antes de girar sobre sus talones y salir del salón. Jack le siguió después de pagar la cuenta y dedicar a Kimberley una gran sonrisa y decirle adiós con la mano. AHORA podía irse. ...
... Kimberley se puso la mochila y empezó a subir las escaleras hacia su habitación. Se detuvo a medio camino para volverse, sonreír y guiñar un ojo a los hombres de abajo. Se sentía muy bien ahora. La Leyenda de la Chica-elfo partía de un comienzo interesante. Se sintió aún mejor después de una ducha. Envuelta en una de las grandes toallas que había encontrado en el baño, se paseó por la pequeña habitación, inspeccionándola. La cama era de una plaza, con sólida estructura de metal. Había cáncamos unidos a la estructura a intervalos regulares. Su misión parecía evidente y Kimberley se preguntó si aquella camarera no habría pasado algún tiempo atada a esta cama especial por medio de cuerdas, cadenas o cualquier otra cosa. Era posible, por lo menos. El colchón era un poco blando para su gusto, pero no pensaba pasar mucho tiempo allí. Los únicos otros muebles eran una pequeña y maltratada cómoda y una silla de madera igualmente maltratada aunque todavía utilizable. El piso era de madera, sin alfombra. Se acercó a la ventana, levantó la persiana enrollable, y miró afuera. Había unos treinta pies (unos 9 metros) de espacio despejado entre la parte trasera del edificio y el borde del bosque. Había un viejo cobertizo de espaldas a los árboles con pequeñas puertas dobles mirando hacia el edificio. Justo debajo de la ventana había una especie de porche de techo inclinado. Sonrió. Aquello hacía algunas cosas mucho más fáciles para ella. Bajó la cortina con cuidado y se vistió. Cuando ...