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Lo que una hace para… ¿salir adelante? (parte 2)
Fecha: 03/09/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Dalia Roman, Fuente: CuentoRelatos
La situación era una mierda, sentía el peso de aquel taxista sobre mi cuerpo, era aplastante y sofocante, estaba inmóvil y vulnerable mientras me estaba prácticamente violando, cerré mis ojos mientras sentía como mi cuello se humedecía por los besos de aquel monstruo hambriento, sentía su lengua lamiendo mi cuello como si fuese un helado. -Pinche zorrita… hueles bien rico ¿Te arreglaste así para mi? Deseabas que un hombre de verdad te tocara… yo sé que lo deseabas… Las palabras de aquel hombre hacían que mi autoestima se desmoronara, me hacía sentir culpable como si todo fuese mi culpa, yo… llamaba a mi mamá y a mi papá en un susurro lleno de esperanza buscando su ayuda… ¿Por qué se habían ido y me dejaron sola? En ese momento buscaba culpables, pero yo era la única culpable ¿Verdad? Solo quería que alguien me ayudara. Quería gritar y pedir ayuda, quería maldecir todo, simplemente quería explotar por todo el miedo y enojo que tenía guardado. Pero… fui tan cobarde que no pude, no podía asustar a Sofi con mis gritos de desesperación, tenía esa responsabilidad de mantenerla a salvo…me gusta pensar que… en otro mundo… tal vez… en otro mundo grite… Recuerdo que mientras el taxista me tocaba los muslos con una mano, con su otra mano me sujetaba las muñecas, me sujetaba tan fuerte con tanta fuerza que sentía como se me cortaba la circulación a mis manos, sentía la inmensa presión de su agarre, quería vomitar, mi mandíbula me dolía de tanto apretarla por el coraje y la ...
... impotencia que sentía. Por si se preguntan cómo era aquel taxista, era de mi estatura, tal vez un poco más alto, de 1.77, era gordo, se le marcaba la papada, moreno, vestía una playera de un equipo de fútbol, una gorra, a pesar de que estuviera bastante gordo, sus brazos eran robustos y fuertes, sus manos eran rasposas y callosas, tenía una barba de chivo corta, tenía el pelo corto y tenía unos 47 o 50 años, yo no tenía oportunidad contra él, a pesar de ser atlética y hacer deporte y ejercicio ese hombre me podría destrozar con facilidad… de hecho lo hizo… él era un oso y yo una conejita. ¡¿Pero que mierda?! ¿Por qué? ¿Por qué mi cuerpo está reaccionando así? Acaso… ¿me está gustando? No… imposible, no puede ser, ¡no me gusta!… pero si no me gusta ¿por qué mi vagina se está poniendo húmeda ante el toque de este señor? ¡¡¡Mierda!!! ¿Qué me está pasando? ¿Acaso soy… una zorra? Sentí una vergüenza y pena invadir mi cuerpo y mente, me sentía culpable por tener estas reacciones… ¿Involuntarias? Aquel señor se dio cuenta de que mi cuerpo empezaba a reaccionar a su manoseo, pasaba de tocar mi muslo a tocar rudamente la entrada de mi feminidad, mi vagina reaccionó a su dedos rasposos explorándola, yo arqueé mi espalda intentado salir de sus garras, mi cuerpo se retorcía de la incomodidad tratando de buscar una salida, escuchaba cómo se reía sádicamente mientras dejaba de besar mi cuello y ahora ¿Besaba? mi boca… no… comía es una mejor definición pues el lamia y tragaba toda mi ...