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El equipo de futbito (I)
Fecha: 05/09/2026, Categorías: Gays Autor: Bastian Baltux, Fuente: TodoRelatos
Hasta que uno de los padres me increpó, no vi la necesidad de cambiar y jugar con la segunda equipación como la principal. —Hosti, tú, ¿que juegan dopados o qué? Ya se pueden cortar un poco. La primera equipación era blanca con la numeración en verde. La segunda, azul oscuro, disimulaba mejor las erecciones. Jugábamos una liguilla de fútbol sala. En el campo son cuatro jugadores más el portero. En total, los equipos pueden federar hasta a doce jugadores. Nosotros llegábamos con problemas a nueve, los mínimos, aunque el núcleo principal, los que siempre jugaban, eran cuatro: Matías, Miguel Ángel, José Luis y Vicente. Más Luis, el goleador. El resto no vienen al caso. Luis era alto y fibrado, por lo que tenía fuerza y agilidad. Tenía el cabello corto, castaño claro, y los ojos de color miel. Parecía tener el cuello un poco más largo de lo que debería. Yo estoy seguro de que, con la visión de juego que demostraba, eso le ayudaba. Estudiaba una ingeniería informática. Cuando me propusieron entrenarlos, estuve a punto de decir que no. La temporada estaba a mitad, ellos eran los cuartos (de dieciséis) por la cola y las expectativas no eran nada halagüeñas. Pero como llevaba varios meses sin trabajo, fui a verlos. No se lo pasaron bien en el campo, ni siquiera, como me enteré luego, se echaban unas risas en los entrenes. Sin embargo, estaban buenísimos, sobre todo estos que te digo. Me hicieron recordar que me hice entrenador de equipos juveniles, de dieciséis a ...
... veinte años, más o menos, no solo porque me gustaba, sino también por estar rodeado de buenos ejemplares de machos lozanos como ellos. Me hinchaba a mirar a los chicos en calzoncillos por los vestuarios, cambiándose de ropa o cuando salían de las duchas desnudos… Me mataba a pajas pensando en sus rabos y sus culos. A pesar de que me pareció una misión imposible, acabé aceptando. Si la primera decisión trascendental fue aceptar ser el míster, la segunda fue la de integrar a Ernesto, de alguna manera, en el equipo. Ernesto, el novio de Luis, vino a verlo el día que me estrené como entrenador. Jugábamos contra el segundo de la tabla. Antes del partido, traté de motivarlos. Les dije que salieran a disfrutar, a pasárselo bien. Que la presión de tener que ganar recaía en ellos, que nosotros no teníamos nada que perder. Como nadie apostaba por nosotros, nada nos impedía divertirnos. Entonces, Ernesto pidió permiso para entrar al vestuario. Era un chico voluptuoso, rechoncho, de curvas generosas. Llevaba el cabello corto, ondulado y teñido de rubio. Su cara era redonda y sus manos, regordetas. Ese día vestía unos jeans cortos y un polo negro, de manga corta, con dos botones abiertos en el cuello que mostraban el nacimiento del canalillo. Se puso de puntillas, apoyó una mano en el pecho desnudo de Luis, entre sus pezones, y le soltó un buen morreo. Le chupó los labios con fruición, delante de todos nosotros. No se cortó un pelo. Cuando acabó el beso, Luis se había ...