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El equipo de futbito (I)
Fecha: 05/09/2026, Categorías: Gays Autor: Bastian Baltux, Fuente: TodoRelatos
... claro que el fútbol es un deporte de machos. Pero la polla me palpitaba bajo el chándal. Desde el punto de vista deportivo, además de la victoria, lo importante fue el subidón de moral. Comprobaron que, con su esfuerzo y sin perder la diversión, podían salir victoriosos de un enfrentamiento cuyo adversario era, a priori, mejor. En el vestuario los felicité uno por uno. Sentado en una banqueta, repasando las notas que había ido tomando en mi cuaderno durante el partido, los vi entrar desnudos en las duchas. Me pregunté si podría aprovechar al gordito de Ernesto para el siguiente encuentro. Los chicos fueron saliendo con sus cuerpos mojados y las toallas alrededor de la cintura. Eran dioses griegos, con cuerpos cincelados por el deporte. Mostraban diferentes grados de vello en el pecho y las piernas, y, por lo que pude fijarme, iban bien armados de pollas. En ese entonces, yo rondaba los treinta y cargaba algunos kilos de más. Del deporte no me gustaba tanto practicarlo como la planificación estratégica. En eso, modestia aparte, me consideraba un crack. Ese primer día los rezagados fueron Matías, Miguel Ángel y José Luis. Matías salió con la toalla en su cintura. Se la quitó al llegar a la banqueta donde había dejado su bolsa de deporte, a mi izquierda. La tiró al suelo, hecha una bola, junto a las botas, antes ...
... de sentarse. Lo miré de reojo. La verga y las gónadas le colgaban entre las piernas. —Buen partido, futuro capitán —le dije. —No hemos jugado mal. De dos duchas contiguas salieron Miguel Ángel y José Luis, ambos con la toalla sobre los hombros. El primero con la polla tiesa, curvada hacia arriba. —A mí aún me dura dura... —le estaba diciendo a su amigo. —Yo me he hecho una paja porque, joder, ese morreo... Ostras, míster, ¡creíamos que no estaba! Ambos agarraron sus toallas y las hicieron una bola para cubrir sus partes. —Supongo que hablabais de Ernesto —dije. —Nos ha traído suerte —intervino Matías, acomodándose el slip. Cerré mi cuaderno y les eché un último vistazo. —Anda, a vestirse y a casa. Y Emeá, la próxima vez, hazte una paja como él o te dolerán los huevos. ¡Pero no dejéis rastros, que no quiero que me llamen la atención por vuestra culpa! Me marché del vestuario, dejándolos solos para que se vistieran. Por la noche, en casa, mi novia, que aún no me había dejado, me la chupó hasta que me corrí en su boca. Luego fui al baño a ducharme y, bajo el chorro de agua calentita, me la pelé pensando en la polla enhiesta de Miguel Ángel. Hacía tiempo que una paja no me satisfacía tanto. Antes de dormir, recordé que soy un crack planificando estrategias. Con ellos, necesitaba una.