1. El equipo de futbito (I)


    Fecha: 05/09/2026, Categorías: Gays Autor: Bastian Baltux, Fuente: TodoRelatos

    ... empalmado.
    
    Me miró, murmuro un escueto gracias, míster, y se marchó. En el vestuario, nos quedamos en silencio hasta que José Luis lo rompió:
    
    —Yo es que lo ponía en cuatro y me lo follaba —dijo.
    
    —Y yo con un tanguita para poder tirarle del hilo —replicó Miguel Ángel.
    
    No sé qué cara puse para que Vicente dijera:
    
    —No hace falta ser gay para follarte a un gordibueno, míster.
    
    —Nos conocemos desde que éramos unos críos —me explicó Matías—. En los cadetes nos empezamos a hacer pajas juntos. Por culpa de éste.
    
    —Yo soy bi, ¡y me los llevé al lado oscuro! —dijo José Luis, el aludido, entre risas.
    
    El único que seguía serio era Luis, que, con un gesto brusco, se levantó y abandonó el vestuario.
    
    —Me refería a nosotros cuatro, no al Messi —puntualizó Matías, señalando la puerta.
    
    José Luis se agarró el bulto del pantalón. Los cuatro se habían empalmado.
    
    —No sabía yo que… —comencé a decir, pero Vicente me interrumpió:
    
    —Los de nuestra generación tenemos pocos prejuicios, míster —sentenció.
    
    —No siempre —dije. Porque, en algunos de los equipos que he entrenado, no siempre he conseguido follar.
    
    Ellos, mucho sexo tampoco practicaban, a la vista de cómo les había puesto un gesto como el de Ernesto. Y otra cosa: si a nivel personal no había nada que resolver porque se tenían confianza, ¿por qué no funcionaban como equipo?
    
    Con estos pensamientos en la cabeza, carraspeé, les metí dos gritos y los empujé al campo.
    
    —Venga, ¡a jugar!
    
    Se pasaron riendo ...
    ... y cuchicheando todo el encuentro, pero… ¡ganamos!, ¡nueve a tres! Luis metió los tres primeros y el último. A medida que pasaban los minutos me di cuenta de que jugar cachondos, al contrario de lo que pudiera parecer, les beneficiaba.
    
    Con la celebración del primer gol hubo un abrazo grupal, muy bonito. A partir de ahí, empezaron a pasar cosas.
    
    El juego se volvió más físico. No violento, sino que se tocaban más. Se acercaban para hablar entre ellos y aprovechaban para ponerle la mano en la cintura al compañero, o en el nacimiento del culo, o sobre los abdominales. Eran gestos breves porque los comentarios eran cortos, pero ahí estaban. Incluso, tras el tercer gol, vi a José Luis bajar la mano y golpear varias veces con el dorso el paquete de Vicente, como sin darse cuenta. Y Vicente no dirás que se apartó.
    
    Ahí no paró la cosa. A medida que veían que podían ganar, se vinieron arriba y cada gol suponía un paso más. En la melé que formaban para celebrarlos, los chicos daban libertad a sus manos, que iban y venían, planeando, entre los paquetes y los culos de los compañeros. El más indiscreto era José Luis, que, con el dorso, repasaba con descaro los bultos de los pantalones de sus colegas siempre que podía, y cuando veía que era un culo lo que podía tocar, la giraba para hacerlo con la palma.
    
    El sobeteo era constante entre ellos, en pleno partido, delante de los otros padres. Se me ocurrió fruncir el ceño y hablarles a gritos, sabes, parecer enfadado. Mi gesto dejaba ...