1. La maestra de español (2)


    Fecha: 08/09/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: angelpph, Fuente: CuentoRelatos

    ... —preguntó.
    
    Ángel:
    
    Contesté algo nervioso:
    
    —Sí… claro.
    
    Yésica:
    
    —Mándame tu ubicación a este número. Voy para allá.
    
    La verdad, en ningún momento pensé que vendría para repetir lo que pasó en la tarde. Solo quería verla, hablar con ella, entender lo que había sentido. Me dijo que llegaba en 30 minutos.
    
    Mi corazón se aceleró. El tiempo se me hizo eterno.
    
    Hasta que llegó el mensaje:
    
    “Ya estoy afuera. Sal por mí.”
    
    Mi corazón se fue a mil. No por miedo ni malas intenciones… sino por saber que la volvería a ver después de lo que pasó.
    
    Mi casa no da directo a la calle. Está al fondo de un callejón, así que no tengo vecinos cerca. Salí algo nervioso y vi su carro —me parece que era un Jetta 2020. En cuanto me vio, se bajó. Yo no caminé hacia ella porque mis piernas no me respondían. Solo la saludé con la mano, a lo lejos. Ella se acercó rápido, quizás para evitar ser vista, aunque la calle es oscura… ya saben, el pésimo alumbrado del gobierno.
    
    Me dijo “hola” en voz baja, y yo le contesté igual. Le señalé que mi casa estaba hasta el fondo, y me dijo:
    
    Yésica:
    
    —Ok, vamos.
    
    Se veía preciosa. Llevaba unos jeans ajustados que marcaban ese gran trasero que ya había tenido el placer de acariciar, una blusa entallada con escote discreto y unos tenis. Venía con sus lentes y su cabello suelto. Caminamos en silencio, cruzándonos miradas, sintiendo esa tensión que no necesita palabras.
    
    Cuando llegamos, abrí la puerta y le pedí que pasara. Mis perros ...
    ... corrieron hacia ella, ladrando —no agresivos, solo emocionados. Yésica se asustó, me tomó del brazo y me preguntó:
    
    Yésica:
    
    —¿No muerden, Ángel?
    
    Ángel:
    
    —No, no, tranquila.
    
    Les grité:
    
    Ángel:
    
    —¡¡Quítense!!
    
    Y se sentaron. Mi papá los entrenó bien.
    
    Yésica no se dio cuenta de que aún me tenía agarrado del brazo, y cuando lo notó, dijo entre risas:
    
    Yésica:
    
    —Ay, disculpa.
    
    Entramos. Le ofrecí sentarse en el sillón grande, y yo me senté en el de al lado. Platicamos sobre lo mismo: su confusión, lo inesperado de todo… para no aburrirlos, les resumo: antes de terminar la charla, me dijo:
    
    Yésica:
    
    —Ángel… como te dije, no te veía con otros ojos.
    
    Esa frase me dio un bajón, pero lo que siguió me devolvió el alma al cuerpo:
    
    Yésica:
    
    —Lo que pasó entre nosotros… cómo nos besamos, cómo nos tocamos… lo que te hice… despertó algo en mí. No quiero ilusionarte, pero… creo que me estás empezando a gustar.
    
    Lo dijo apenada, bajando la mirada. Yo no supe qué contestar. Me quedé helado, pero reaccioné:
    
    Ángel:
    
    —No le veo nada de malo a que lo intentemos… aunque sea repetir el beso.
    
    Ella sonrió, divertida:
    
    Yésica:
    
    —Quizás… besas muy bien, la verdad.
    
    Después dijo:
    
    Yésica:
    
    —Me tengo que ir. Mis hijas van a llegar a cenar y van a empezar a preguntar dónde estoy.
    
    Se levantó, y yo también. No recuerdo lo que me dijo mientras caminábamos a la puerta, porque mi mente seguía atrapada en sus palabras. Nos quedamos viendo un momento… ...