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Una biografía: inicios
Fecha: 09/09/2026, Categorías: Transexuales Autor: Carla, Fuente: TodoRelatos
... todas las miradas que se me clavaban y los nervios que sentía pasaron a ser solo los normales en una primera cita. Con un cosquilleo intenso en el estómago me preguntaba si le gustaba, si debía tomar la iniciativa o si me besaría. No tenía que preocuparme, cuando llevábamos una hora me propuso que fuésemos a dar una vuelta. Después de pagar se levantó y cuando nos pusimos a andar me tomó la mano. Caminamos medio en silencio, dejándome guiar y de repente entramos en la universidad. Le pregunté a dónde me llevaba y él, con una sonrisa en la cara, me respondió que confiase. Cruzamos un vestíbulo enorme y justo después nos encontramos en un gran patio, lleno de árboles y plantas de todo tipo. “¿No habías venido nunca?”, me preguntó. Yo negué y solté un “Es muy bonito” que él agarró al vuelo para añadir: “No tanto como tú”. No es una frase muy original pero a mí, joven, candidata perfecta a la marginación, me llegó al corazón. Le miré a los ojos y le tomé la mano libre. Él aceptó mi invitación y sin apartar los ojos me rodeó la cintura, me atrajo hacia él y me besó. Fue precioso, sentir sus labios y su cuerpo contra el mío, dejarme llevar por sus manos. Durante unos instantes me olvidé de todo. Pero entonces sucedió algo inevitable, mi cosita despertó y dura como una piedra se salió de las braguitas. Yo vacilé y Sergio se apartó. “¿Todo bien?”, preguntó. Yo miré abajo antes de responder y vi el bulto que se marcaba el la falda. “Creo que necesito sentarme”, respondí roja ...
... como un tomate y ocultándome tras él de la poca gente que había caminamos hasta el banco más cercano. “¿Qué sucede?”, me preguntó el chico preocupado pero la respuesta fue innecesaria cuando vio el enorme bulto que, incluso sentada, se marcaba en mi entrepierna. La cara se le transformó, se le veía nervioso de golpe. “¿Que vas a hacer?” o “¿Cómo lo vas a tapar?”, empezó a decir. Yo le miré sorprendida ante su reacción. Ya estaba suficientemente nerviosa y su actitud no me ayudó a tranquilizarme. Es más, ante mi falta de reacción él empezó a decirme que tapase, que ocultase aquello que me podían ver. No sé de dónde saqué el valor para decirle que parase y me dejase, que se marchase. Ahora fue él quién no me creyó, le costó unos segundos comprenderme, otros más intentar balbucear algo ininteligible y aún un par de minutos decir que solo me quería ayudar, que lo sentía, etc, etc, etc. Yo le corté, no era tan joven como para no ver qué debía cortar por lo sano y le insistí, otra vez, que se marchara. Cuando por fin lo hizo y me quedé sola mi erección había desaparecido pero aún me quedé un buen rato llorando en el banco. Esa fue mi primera experiencia y me hizo mucho más cuidadosa. Después de aquello tuve un par de citas más que, sin acabar de un modo tan decepcionante, no condujeron a nada hasta que conocí a Pedro. A Pedro, como a los demás, le conocí en el chat pero era muy distinto a los otros con los que había quedado hasta entonces, estudiantes universitarios de entre 19 ...