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Una biografía: inicios
Fecha: 09/09/2026, Categorías: Transexuales Autor: Carla, Fuente: TodoRelatos
... y 25 años. Pedro no daba ese perfil, no. Tenía 37 años y trabajaba en un almacén. Los otros chicos habían sido un poco mayores pero él me sacaba muchos años y era, pensaba yo, de un mundo totalmente diferente al mío. Si yo era joven y venía de una familia de clase media-alta, con dinero, cultura, estudios y de carácter conservador y muy religioso él era todo lo contrario. Era un hombre hecho a sí mismo, un trabajador de base que apenas había acabado los estudios y que se había puesto a trabajar con dieciséis años. Todo esto había generado muchas reticencias en mí pero él las había ido venciendo y al final me convenció para quedar. Recuerdo perfectamente cada cita con él. Como las veces anteriores conté con la ayuda de Laura para arreglarme pero está vez ya salí sola de casa. Era abril y empezaba a hacer calor así que elegí un polo rosa corto, que dejaba mi ombligo al aire y ocultaba mi falta de pecho y una minifalda de colegiala plisada. Era muy sexy. Yo entré con algo de miedo al bar que él había propuesto. Era un bar de copas oscuro que, a media tarde, estaba casi vacío. Le econtré sentado en un reservado, fumando y solo se levantó para darme dos besos y un buen repasón. De entrada, nada de lo que hacía o decía me hacía pasar la incomodidad y tras una charla un poco tensa pensé en irme. Por suerte no lo hice. Él que debía notar chomo me sentía se disculpó por su falta de soltura y me confesó que también se sentía muy incómodo, que yo era muy joven, que era la primera vez ...
... que estaba con una trans y que, además, era muy guapa. Yo, claro acepté sus disculpas y por algún motivo que aún se me escapa le acaricié la mano. No habia pasado ni media hora de mi llegada y con ese gesto ya había roto el hielo. El se atrevió a ir más allá y agarrarla, acariciar mis dedos y, segundos después, el muslo desnudo. Me sorprendió lo lanzado que se mostró, sobre todo después de lo que me había dicho y de mis experiencias anteriores, pero fue un cambio bienvenido, me gustó que se mostrase tan abierto. Le dejé unos segundos y aprovechó mi permiso implícito para iras allá, acariciarme el cuello con la otra mano y después besarme con ganas. Yo le correspondí a cada paso, le dejé hacer y le invité acariciando su mano a qué la colarse dentro de mi falda. En mi primera cita aquel había sido el paso crítico pero él acarició sin dudar mi muslo, la tela lisa de mis braguitas y el tronco duro que sobresalía de ellas. Con otro gesto me invitó a sentarme encima suyo y yo acepté; sentí enseguida como su bulto duro apretaba contra mis piernas y empecé a mover mis caderas ligeramente, acariciándolo. No había hecho nunca nada así pero los movimientos y reacciones me salían de dentro con naturalidad. Mientras, él continuó acariciando mis piernas, pubis y verga por debajo de la faldita y yo le abracé y seguí besándole sin parar. De repente se había creado una complicidad enorme entre nosotros, y durante mucho rato apenas nos separamos para dar un sorbo a la copa o hacer algún ...