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Un hombre maduro y una joven bailarina
Fecha: 10/09/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Madame Pussy, Fuente: CuentoRelatos
Carlos tenía dos debilidades. El tango y las mujeres jóvenes. Conoció a Malena en un vuelo a Buenos Aires. Estaba sentada a su lado y conversaron durante el trayecto, que no fue muy largo. Ella era bailarina de tango en un conocido local de la ciudad. Y era muy joven, no más de 22 o 23 años. Carlos era un hombre de larga experiencia que ya peinaba canas. Ella tenía una sonrisa arrolladora y una mirada inquietante y, Carlos pensó que debía estar imaginando cosas, pero ella le tiraba onda. Cuando aterrizaron, se despidieron con la invitación de ella a que vaya a la milonga el sábado siguiente. Él pensó que lo había dicho por gentileza, pero aún así no podía dejar de pensar en ella. De recordar el perfume que ella estaba usando y su mirada oscura e intensa. Por lo que el sábado se presentó en el lugar. Ni siquiera se acordará de mí, pensó. Pero se equivocaba. Una docena de mesas se ubicaban en torno a las paredes del local, dejando en el medio una pista de baile de escasas dimensiones donde un par de parejas demostraban su dominio del baile. Una de las bailarinas era Malena. Carlos se sentó en una mesa vacía y se deleitó observándola. Vestido bordó de terciopelo, pegado al cuerpo como si se lo hubiesen pintado. Con un hombro descubierto, de largo apenas sobre la rodilla y con dos tajos a los costados que permitían el libre movimiento de las piernas en los complicados pasos de baile. Medias negras, de red y sandalias negras de altísimos tacos. Cintura ínfima, ...
... piernas musculosas, piel tersa, manos delicadas, cuello largo, orejas pequeñas, cabello oscuro, piel de mármol blanco y labios como gotas de sangre. La mesera le trajo a Carlos una copa de vino que el agradeció como un autómata. Sus ojos no se despegaban de Malena que terminaba la pieza en ese momento con el ultimo chan de la orquesta. Cuando ya iba a comenzar una nueva pieza, los ojos de ella se posaron en ese hombre canoso, alto y apuesto y una sonrisa que hubiera derretido el iceberg y salvado al Titanic se dibujó en su cara. Le dijo algo a su compañero de baile y este asintiendo se alejó de la pista. Malena se aproximó a Carlos. —¡Aceptó mi invitación, que bueno! —¿Cómo no hacerlo? Rechazar la invitación de una joven tan hermosa hubiera sido una descortesía. Que lugar tan agradable. —¿Me va a acompañar con la siguiente pieza? —Nooo, no podría, mis dotes de bailarín no son suficientes para acompañar su virtuosismo. —Vamos, no sea modesto, y de todas formas no hace falta que hagamos una exhibición. Venga, deme el gusto y no me trate de usted, que acá no somos tan formales. ¿Como resistirse a semejante invitación? imposible. —Muy bien, pero sólo si vos a mí tampoco me tratás de usted. Ella le tendió la mano y salieron a la pista. Él la rodeó con su brazo de forma firme pero suave. Muy de bailarín ese roce necesario para la marcación de las figuras, pero que permite el libre movimiento de ese otro cuerpo que por un momento es parte de uno. Cuando el ...