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Un hombre maduro y una joven bailarina
Fecha: 10/09/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Madame Pussy, Fuente: CuentoRelatos
... baile comenzó los dos cuerpos se acoplaron como si hubiesen sido esculpidos a propósito para completar los huecos uno del otro. Sus miradas se fijaron en los ojos de cada uno. Y la sonrisa de ella se detuvo en sus labios. Sin dejar de mirarse en ningún momento recorrieron las pista en brazos uno del otro y la lujuria se abrió paso hasta a ellos. La mano de él sobre su cintura le provocaba a ella un cosquilleo entre las piernas que jamás había sentido con otro compañero de baile. El roce de los seños de ella en su pecho, a él lo estaban volviendo loco. La respiración se hacía más sospechosamente entrecortada y los ojos brillaban con un fuego nuevo. Bailaron una pieza, dos y cuando finalizó la tercera y el deseo en ambos era evidente ella le pidió descansar un segundo. —¿Me permitis? tengo que ir al tocador. Él aprovechó a recobrar el aliento. No era el cansancio del baile sino la creciente ansia que se formaba en su zona intima. Esa mujer lo estaba volviendo loco de ganas. Malena volvió y lo agarró de la mano. Lo arrastró a la pista para una milonga en la penumbra. El ritmo más rápido y más entreverado hacía que los cuerpos se frotaran con vehemencia. Él estaba al borde de decirle una barbaridad, pero se estaba conteniendo, porque no estaba seguro de si ella tenía las mismas ganas que él y, de ninguna forma quería arruinar ese momento. Pero entonces ella, se llevó la mano al escote del vestido y sacó algo pequeño y negro que le metió en el bolsillo del ...
... saco. —¿Qué es eso? —preguntó Carlos sin dejar de bailar. —Un souvenir, —le dijo ella pasándose la lengua por los labios. El metió la mano al bolsillo y palpó. Era tela, suave, muy suave, labrada… quizá un pañuelo… como de encaje… un poco húmeda… y ahí lo entendió… la miró para confírmalo y lo supo por su mirada lujuriosa. Ella le había entregado su ropa interior, húmeda de deseo. Jamás una mujer le había regalado algo más exquisito. Ahí ya no dudó más. Le besó la mano y la sacó a la calle. Tomaron un taxi para hacer el trayecto de 15 cuadras que separaban la milonga del departamento donde él se hospedaba. En esas cuadras ninguno de los dos dijo una sola palabra, pero el taxista se dio cuenta de que el sexo iba sentado en medio de ambos. El olor a pasión se sentía en el ambiente. Cuando subieron al ascensor para llegar al piso 14 ya no pudieron contenerse y él la levantó como si fuera una muñeca por la cintura, las piernas de ella enroscadas alrededor de su cintura y el intuyendo la humedad y el calor del sexo desnudo de ella sobre su saco y su camisa… Así, llegaron al piso correcto y así, anudados en un beso abrió la puerta y entraron. Sin soltarla, camino hasta el dormitorio y recién ahí la depositó sobre la cama. Ella, de pie sobre la cama, con el vestido medio levantado y él de pie junto a la cama con una erección que amenazaba romper las costuras del pantalón. Carlos estiró los brazos para agarrar a Malena con la firme intención de desnudarla. pero ella lo detuvo: ...