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Amarrando a mi primo
Fecha: 14/09/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Fergie, Fuente: TodoRelatos
... amarrar a quién. Frente a ello, saqué de mi bolsillo un cordel largo, no muy grueso, que había sacado de la bodega, y le dije que obviamente yo lo iba a amarrar a él, que no se hiciera ilusiones de lo contrario, y que se dejara llevar. Lo anterior, con mi voz más sexy, jajajaja. Mario me miró muy caliente, aceptando el trato, y se volvió a recostar sobre la cama, poniendo las muñecas juntas, arriba de su cabeza. Afortunadamente para efectos de nuestra fantasía, la cama era antigua y tenía una cabecera de madera con travesaños. Mostrando más seguridad de la que realmente tenía, me encaramé encima suyo y pronto le amarré las muñecas con firmeza, pero cuidando de no hacerle daño. Luego, pasé el cordel por los espacios de la cabecera, y de esa manera lo dejé suficientemente inmovilizado. Mientras hacía eso, sentí ricas cosquillas en la entrepierna, y no sólo por el hecho de tener el cuerpo de Mario debajo de mí. Como les conté antes, el tema de la dominación es algo que me encanta. En esa época todavía no lo había explorado, quizás solo fantaseado un poco, pero ponerlo en práctica, aunque fuera de esa manera tan poco sofisticada, me gustó demasiado. ―¿Puedes liberarte? ―le pregunté a mi primo cautivo, y éste hizo el intento de desarmar los nudos que yo había hecho, pero sin resultados. Me sentí genial por mi habilidad recién descubierta. Esta es la parte en la que, por supuesto, si hubiera sido una chica realmente mala, podría haberme ido de la pieza, dejando a ...
... mi primo atado, abandonado y muy frustrado. Pero obviamente hacer algo así sería una maldad gigante, y yo no soy así. No siempre, al menos, jajajaja. Sintiéndome como toda una femme fatale, comencé esta vez yo a darle algunos besos en el cuello a mi primo, mientras con delicadeza fui abriendo, de arriba hacia abajo, los botones de su camisa. Al hacerlo, descubrí su torso, medianamente peludo, firme y trabajado, cuestión que no era novedad para mí, pero que me agradó confirmar a través de mis dedos. Seguí dándole besos en el cuello, y luego fui descendiendo hasta el esternón. Me divertí lamiéndole las tetillas, lo que provocó que Mario se desconcertara y me mirara feo, pero me dio lo mismo. Mejor dicho, me gustó poder molestarlo de ese modo, me confirmó que yo tenía el poder. Luego seguí bajando, hasta llegar al ombligo con mis besos, y Mario, de manera poco sutil, comenzó a elevar sus caderas. De momento lo ignoré y comencé a subir nuevamente, siempre jugando y procurando que crecieran sus ganas. Me senté a horcajadas sobre él y me froté contra su bragueta, sólo un par de veces, para aumentar la tensión. Sentí algo duro presionando mi cuerpo y me gustó la sensación. En ese minuto no sabía hasta donde estaba dispuesta a llegar. Mario comenzó a susurrarme cosas subidas de tono, seguramente para azuzar mi propia calentura. Me da algo de vergüenza reproducir nuestros diálogos en esos momentos, pero reconozco que sus palabras tenían efecto en mí, podía sentir la ...