-
La Puta de la Universidad - Parte 1
Fecha: 19/09/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Sofia Rivero, Fuente: TodoRelatos
... empañadas por las lágrimas. Él sonrió, disfrutando de su sumisión, de la manera en que sus mejillas se hundían con cada movimiento. —Sabes que no tienes opción, ¿cierto? —murmuró, acariciando su rostro con el pulgar—. Sin mí, no eres nada. Solo una fracasada más. Las palabras la quemaron, pero también la excitaron aún más. Algo en la crudeza de su voz, en la certeza de su dominio, hacía que un escalofrío le recorriera la columna. —Eres una buena chica —susurró él, acelerando el ritmo—. Pero aún puedes ser mejor. Oxana sintió cómo su cuerpo respondía, cómo sus músculos se tensaban y su respiración se hacía más rápida. La humillación la encendía, la convertía en algo que no reconocía, pero que no podía negar. El decano gruñó, sus dedos apretando con más fuerza. —Vas a tragar todo, ¿entendido? No quiero ver ni una gota perdida. Ella no tuvo tiempo de asentir. Con un último empujón brutal, él llegó al clímax, y Oxana sintió el líquido caliente llenándole la boca. Tragó rápidamente, ahogando un gemido, el sabor amargo quemándole la garganta. El decano se apartó con un suspiro de satisfacción, arreglándose el pantalón con calma mientras la miraba con desprecio. —Puedes irte —dijo, como si nada hubiera pasado—. Pero estate atenta a tu celular. Hasta que no levantes esas notas… me perteneces. Oxana se levantó con torpeza, las piernas temblorosas, la boca aún ardiente. No dijo nada. Solo asintió, recogió su bolso y salió de la oficina, sintiendo su ...
... mirada en la espalda hasta que la puerta se cerró tras ella. El pasillo estaba vacío. Nadie sabía lo que acababa de ocurrir. Nadie, excepto ellos dos. Y mientras caminaba hacia la salida, Oxana no pudo evitar preguntarse cuántas veces más tendría que arrodillarse antes de que esto terminara. El mensaje llegó como un latigazo en la quietud de su habitación. Oxana apenas había logrado componerse después del encuentro con el decano, su mente aún aturdida por el sabor amargo que persistía en su boca, por la humedad entre sus piernas que no correspondía al asco que creía debería sentir. El celular vibró sobre la mesa, y al leer aquellas palabras —"Te espero en la biblioteca a la noche"—, su estómago se contrajo. No era una solicitud. Era una orden. "¿Ya? ¿Tan pronto?" No había tiempo para negarse, para cuestionar, para llorar. Si vacilaba, perdería todo. Así que, con las manos temblorosas, se vistió de nuevo —una falda ajustada, una blusa sencilla—, como si la ropa pudiera protegerla de lo que sabía que vendría. La universidad a esas horas era un espejismo de silencio. Las luces de los pasillos estaban medio apagadas, y solo el eco de sus pasos la acompañaba. La biblioteca, normalmente un santuario de conocimiento para ella, ahora se erguía como una puerta hacia algo más oscuro. Al empujar la pesada puerta de madera, el olor a papel antiguo y polvo le golpeó, pero lo que la dejó sin aliento fue la escena frente a ella. El decano estaba allí, de pie junto al ...