1. La Puta de la Universidad - Parte 1


    Fecha: 19/09/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Sofia Rivero, Fuente: TodoRelatos

    ... bibliotecario, un hombre obeso de rostro congestionado y manos gruesas que ya la miraban con avidez.
    
    —Ah, llegaste —dijo el decano, como si hubieran quedado para tomar un café—. Bueno, como te dije, la beca tiene condiciones. Y esta noche, el señor Rivas tiene… ganas de leer.
    
    El bibliotecario, Rivas, sonrió, mostrando dientes amarillentos.
    
    —Dos horas —continuó el decano, ajustándose los lentes—. Disfrútala.
    
    Y antes de que Oxana pudiera reaccionar, el decano salió, cerrando la puerta con un clic siniestro.
    
    —No hace falta que te quedes quieta —murmuró Rivas, acercándose—. Pero tampoco hace falta que grites. Aquí no hay nadie que te escuche.
    
    Oxana retrocedió instintivamente, pero su espalda chocó contra una estantería.
    
    "Dios, no… ¿él también?"
    
    Rivas no perdió tiempo. Sus manos, gruesas y sudorosas, se cerraron alrededor de su cintura, tirando de ella hacia una mesa cercana donde pilas de libros esperaban, mudos testigos de lo que ocurriría.
    
    —Qué piel tan suave —murmuró, deslizando sus dedos por su muslo—. Las estudiantes como tú nunca se fijan en hombres como yo. Pero ahora… ahora me vas a mirar.
    
    Oxana cerró los ojos cuando él le levantó la falda, sus dedos encontrando rápidamente la tela de sus bragas.
    
    —Mírame —gruñó Rivas, agarrándole la barbilla con fuerza—. Quiero ver esos ojitos verdes cuando te toco.
    
    Ella obedeció, y algo en la manera en que él la observaba, en la forma en que su respiración se aceleraba al deslizar un dedo bajo su ropa ...
    ... interior, hizo que un escalofrío le recorriera la piel.
    
    "No… no debería sentir esto…"
    
    Pero su cuerpo no la escuchaba. Cuando Rivas le arrancó las bragas y la obligó a subirse a la mesa, separando sus piernas con brusquedad, Oxana sintió cómo el rubor le quemaba las mejillas… y cómo la humedad entre sus muslos traicionaba su excitación.
    
    —Ajá —él resopló, satisfecho—. Lo sabía. A las putitas como tú les encanta esto.
    
    Ella quiso negarlo, pero las palabras murieron en su garganta cuando sus dedos, torpes pero insistentes, encontraron su clítoris.
    
    —Aquí nadie te juzga —susurró Rivas, inclinándose para morder su cuello—. Puedes gemir.
    
    Y ella gimió.
    
    No fue el sonido de una víctima, sino el de una mujer cuyo cuerpo había sido conquistado por el placer, a pesar de su voluntad. Rivas lo notó, y con una sonrisa triunfal, introdujo dos dedos dentro de ella, moviéndolos en un ritmo que la hizo arquearse.
    
    —Sí, así —murmuró—. Apriétame.
    
    Oxana no podía creer lo que estaba sintiendo. El peso de Rivas sobre ella, su olor a tabaco y transpiración, la manera en que sus rollos de grasa se pegaban a su cuerpo delgado… todo debería haberla repelido. Pero en cambio, cada caricia, cada empujón de sus dedos, la acercaba más al borde.
    
    —Vas a venirte —ordenó él, acelerando el movimiento—. Ahora.
    
    Y ella lo hizo.
    
    Un gemido ahogado escapó de sus labios cuando el orgasmo la sacudió, su cuerpo convulsionando sobre los libros, sus dedos aferrándose a los bordes de la mesa. ...
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