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La Puta de la Universidad - Parte 1
Fecha: 19/09/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Sofia Rivero, Fuente: TodoRelatos
... El sudor le brillaba en la piel, sus pechos subiendo y bajando con cada jadeo. Rivas la observó con ojos oscuros de lujuria. —Recién empezamos —dijo, desabrochándose el cinturón. Oxana apenas tuvo tiempo de recuperar el aliento antes de sentir algo más grueso, más insistente, presionando contra su entrada… pero no donde ella esperaba. —No… —murmuró, dándose cuenta—. Ahí no… Pero Rivas ya estaba empujando. —Callate —gruñó—. Y relájate, putita. Esto ya es mío. Y en la penumbra de la biblioteca, entre páginas de conocimiento y polvo, Oxana comprendió que su cuerpo ya no le pertenecía. Al menos no hasta que su beca estuviera a salvo. El bibliotecario, Rivas, tenía sus manos gruesas y sudorosas agarrando sus caderas con fuerza, sus dedos hundiéndose en la carne blanca y suave de la joven mientras ella, con las mejillas ardientes y los ojos vidriosos, intentaba adaptarse a la intrusión brutal que estaba sufriendo. —Soy virgen… por ahí —había dicho, casi como un último intento de negociación, como si esa confesión pudiera detener lo inevitable. Pero Rivas solo se rió, un sonido gutural que reverberó en el silencio de la biblioteca. —Entonces voy a ser el primero —respondió, sin piedad, sin vacilar, mientras empujaba con más fuerza. "¡Dios, duele!" Y sí, dolía. Un dolor agudo, desgarrador, como si su cuerpo se partiera en dos. Oxana apretó los dientes, sus uñas clavándose en la superficie de la mesa de madera, sintiendo cómo cada ...
... centímetro que el hombre ganaba dentro de ella era una batalla perdida. Pero, para su propia vergüenza, no era solo dolor lo que sentía. Había algo más. Algo que no quería admitir. El roce de su panza contra sus nalgas, el sonido húmedo de su cuerpo siendo penetrado, la manera en que sus propias lágrimas se mezclaban con el sudor que le corría por el rostro… todo contribuía a una excitación que no podía negar. —Relájate, putita —gruñó Rivas, inclinándose sobre su espalda, su aliento caliente y cargado de tabaco rozando su oreja—. Cuanto más te resistas, más te va a doler. Oxana intentó obedecer, respirando hondo, sintiendo cómo su cuerpo, contra toda lógica, comenzaba a ceder. El dolor no desapareció, pero se transformó, se mezcló con una presión interna que, de alguna manera retorcida, empezaba a sentirse… bien. "No puede ser… ¿me está gustando?" Rivas lo notó. Notó cómo sus músculos se relajaban un poco, cómo su respiración entrecortada ya no era solo de sufrimiento. Con una sonrisa satisfecha, comenzó a moverse, empujando hacia adentro y hacia afuera con un ritmo lento pero implacable. —Ahí está —murmuró—. Así se hace. Cada embestida era una mezcla de agonía y placer. Oxana sentía cómo su cuerpo se estiraba, cómo se adaptaba a un tamaño que nunca antes había aceptado, y aunque las lágrimas seguían fluyendo, ya no eran solo de dolor. —Mmm… qué apretada —Rivas jadeó, sus manos agarrando sus nalgas con más fuerza, separándolas para penetrarla más ...