1. De vacaciones con mis suegros, me la folle a ella


    Fecha: 20/09/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Juan, Fuente: TodoRelatos

    ... escucharla, volví a desearla con toda mi alma.
    
    —¡Nooo!
    
    Comenzamos a besarnos, con urgencia, con nuevo olor a piel sin necesidad de promesas no pronunciadas, hasta que la llamada en la puerta de la habitación interrumpió nuestros juegos.
    
    —Saldremos en una hora —avisaron desde el exterior.
    
    —El destino juega en contra —dijo ella retozando.
    
    —Voy a traerte algo para desayunar. Espérame.
    
    Con el escenario aclarado entre nosotros,salí a buscar un café.Tomé de unas bandejas piezas de fruta y en una bandeja serví dos cafés y unos vasos de zumo de maracuyá.
    
    En una mesita de la cabaña coloqué la bandeja y procedimos a alimentar el estómago hambriento después de tanto ejercicio nocturno.
    
    Ella estaba en camisa, la misma que había llevado la noche anterior, desabotonada hasta el cuarto botón y cada vez que se movía, la tela se abría para mostrarbajo ellael contorno de sus operados y preciosos pechos. Sus piernas desnudas escondían el santo grial que tan enconadamente perseguí anoche.
    
    —Me has hecho sentir viva. No como madre, ni como esposa… sino como mujer. Como nunca en toda mi vida. Pero...
    
    La expresión de su cara durante la pausa no anunciaba nada bueno para mí. Respiró hondo, como si le doliera lo que iba a decir.
    
    —Debe quedarse aquí —añadió con calma—. Lo que fuimos anoche solo puede existir en esta isla, bajo la tormenta. Podría asumir mi castigo, pero no quiero que esto se convierta en una grieta en la vida de Clara ni en la tuya.
    
    —¿Y si yo ...
    ... quisiera asumir mi castigo? —pregunté—. ¿Y si, sin quererlo, esta noche cambió algo y no quiero volver a mi vida anterior?
    
    Teresa me miró con esa honestidad suya que siempre había admirado.
    
    —¡Claro que ha cambiado algo! ¡Para los dos! Pero a veces basta con saberlo. No todo tiene que traducirse en actos, ¿no crees?
    
    Sonreí cínicamente.
    
    —Entonces volveremos —dije—. Al hotel, al campeonato de golf, a los desayunos con Clara e Ignacio. Y nadie sabrá lo que vivimos.
    
    —Lo sabremos nosotros —dijo ella, alargando la mano para rozar la mía, fugazmente.
    
    —¿Sabes lo único que lamento? —pregunté sin necesidad de escuchar su respuesta—. ¡Que la tormenta no durase tres días más!
    
    Nos duchamos rápidos para incorporarnos al grupo. Antes de salir me dio una última instrucción
    
    —Vamos a mantener las apariencias en el grupo como si nada hubiese ocurrido —se inclinó hacia mí, rozando apenas mis labios con los suyos.
    
    Nos vestimos despacio. Cada uno con una calma medida, como quien cierra un capítulo precioso y lo guarda en el bolsillo interior del alma. Antes de salir, ella me miró una última vez.
    
    —Gracias por recordarme que aún estoy viva —susurró.
    
    —Gracias por atreverte a tanto, sin edad y sin miedo.
    
    Y salimos al claro, donde el Jeep ya esperaba para devolvernos al mundo.
    
    A medio día el coche del hotel que nos recogió en el pantalán donde nos desembarcó el catamarán, nos llevó a los bungalows, justo cuando Clara e Ignacio salían en ropa de golf, con sus viseras ...
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