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De vacaciones con mis suegros, me la folle a ella
Fecha: 20/09/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Juan, Fuente: TodoRelatos
... impolutas, polos de marca y una energía radiante que olía a competición que contrastaba con nuestro cansancio. —Que alegría que ya estéis aquí ¿Todo bien? —preguntó Clara, sin signos de preocupación. —El diluvio universal, pero la isla era preciosa —dijo Teresa con una sonrisa forzada. —Nosotros nos hemos clasificado para la final —anunció Ignacio, casi sin mirar—. Jugamos en una hora. —Enhorabuena —dije, con un tono burlesco incapaz de ser reconocido. —Sí, enhorabuena —añadió Teresa. Nadie preguntó más qué nos había pasado, si habíamos dormido bien, si habíamos pasado miedo o frío. Su mundo estaba en otro lugar y eso, involuntariamente, nos arrastró a unirnos aún más. Clara se despidió con un beso protocolario en los labios. Ignacio pidió a Teresa que le alcanzara la crema solar que había olvidado. Y luego se fueron, envueltos en su propia euforia. Nos quedamos nuevamente solos. Ella sonrió. —¡A Dios pongo por testigo que vine con la mejor intención...! —exclamó declamando como si fuera Escarlata O´Hara jurando en nombre de la tierra de Tara en Lo que el viento se llevó. —Es como si supiesen que no nos había dado tiempo a despedirnos de verdad en la isla —sonreí. —¿En tu bungalows o en el mío? —sugirió Teresa, casi sin mirarme. —Tenemos tiempo para usar los dos —respondí. —Así me gustan los hombres. Con poderío —remarcó aprobando mi idea. Entramos en su bungalows. Esta vez no hubo necesidad de tormenta. La verdadera tormenta se ...
... desató en el interior. Nos desnudamos sin urgencias, con la noble intención de prolongar la noche anterior y hacerla interminable. Teresa se veía aún más hermosa a la luz del día. No había necesidad de hablar, porque ya estaba todo dicho. Era una mezcla de placer y afirmación mutua. No había palabras, solo jadeos, suspiros y una imagen imborrable de dos cuerpos que se acariciaban intentado que la inseguridad se diluyera entre las caricias. Tumbados sobre las sábanas, nos besamos otra vez, con la confianza de habernos confesado. Le quité su camisa con lentitud, como si estuviera descubriendo cada centímetro de su piel. Ella me despojó de la camiseta que llevaba, besando mis hombros al hacerlo. Acarició mi polla liberada y bajó a besarla. —Me voy a acostumbrar a la fruta. ¡Mmm que rico el plátano! La retiré rápidamente por miedo a caer derrotado antes de plantear batalla. La cubrí con mis brazos, oliendo ese perfume que se había mimetizado con su piel. Olía a mujer madura liberada del castillo donde se hallaba encerrada. Desnudos los dos, extendió brazos y piernas. La besé por todos los rincones de su cuello y hombros, bajando al pecho sin detenerme y subiendo hasta encontrarme con su boca, abierta a mis besos que se alargaban interminablemente. —¡Nunca he sentido así! —exclamó con su mente abierta al placer Bajé a comerle su coñito y cuando la vi a punto de desbordarse, subí a sus pechos para darle un respiro. Cuando mis deditos aceleraron sobre su coñito, tras ...