1. De vacaciones con mis suegros, me la folle a ella


    Fecha: 20/09/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Juan, Fuente: TodoRelatos

    ... suelta.
    
    — ¿Te han reclutado de espía?
    
    —Sabes que soy de tu bando. Y si me lo pides, me uno a la revolución y abolimos el patriarcado esta misma noche —respondí.
    
    —No caerá esa breva.
    
    Nos reímos. Había algo travieso en su mirada, como si en ese lugar, por fin, pudiera ser quien fue antes de casarse. O quizá quien siempre había querido ser.
    
    —¿Y tú? ¿No encuentras algo que te atraiga? —me preguntó mientras me ofrecía su cóctel para beber.
    
    Podría haberle dicho que había encontrado algo que me atraía, con dos tetas preciosas al aire, pero no me pareció correcto.
    
    —He corrido y navegado. Ahora iré a verlos al campo de golf. ¿Y tú?
    
    —Una vez que has espantado a ese precioso monitor de la piscina que debió pensar que era una viudita rica solitaria, no sé. He pensado apuntarme a una excursión a una isla mañana.
    
    De repente apareció mi suegro con Clara, riendo los dos. Nos saludaron y se dirigieron a los bungalows a ducharse. Mi suegra me miró y casi como un susurro, dijo.
    
    —Les ha ido bien y hoy estará de buen humor, lo que nos dejará un punto de libertad.
    
    Esa noche hubo cena en uno de los restaurantes temáticos. Todos íbamos vestidos de blanco, por protocolo del hotel. Clara y yo llegamos juntos, aún con restos de arena en los pies. Mi suegra apareció tarde, bellísima, con un vestido largo que parecía deslizarse sobre su piel. Había algo en sus ademanes, en su forma de andar, que sin ser provocador desprendía libertad. Y eso, con su marido al lado, con la ...
    ... imagen de un viejo general cansado, era una premonición de que sus tropas ya no le respondían ciegamente.
    
    La cena transcurrió agradablemente. Brindamos todos. Ignacio por el golf, que le tenía fascinado. Teresa por el viaje que le estaba encantado. Clara por la familia, encantada de que estuviésemos los cuatro en armonía.
    
    —Yo brindo por el mar. Y la libertad que se encuentra en él.
    
    Teresa y yo cruzamos la mirada. Nuestra alianza era más fuerte que nunca. Sabíamos que bajo el cristal de las copas despertaba otros brindis: el del inicio de algo que aún no sabíamos catalogar.
    
    Esa noche, me costó conciliar el sueño. No sé si por lo bebido durante la cena, o el calor, o esa sensación de estar en un lugar tan sugerente donde todo parece posible pero nada termina de suceder. Salí al porche del bungalowsdescalzo y me senté observando el cielo despejado. La noche era húmeda y el sonido del mar me producía un efecto balsámico.
    
    Entonces la vi caminando por la orilla con los zapatos en la mano, la falda larga ondeando, el pelo suelto. Parecía que tarareaba una canción, como si el mar la hiciera de orquesta. Me dirigí a ella en silencio sin que me oyera llegar.
    
    —¿Insomnio? —pregunté, sin alzar la voz.
    
    Se giró despacio. No pareció sorprendida.
    
    —¡Hola Nico, no te había visto! No es insomnio, son ganas de saborear esto, el mar, las estrellas, el silencio. Y tú, ¿no podías dormir?
    
    —Tampoco. Debe ser el anti stress.
    
    Teresa sonrió levemente, con una sonrisa de las ...
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