1. De vacaciones con mis suegros, me la folle a ella


    Fecha: 20/09/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Juan, Fuente: TodoRelatos

    ... comenzó a caer una manta de agua, algo habitual en la zona. Una llamada al refugio de la isla confirmó lo inevitable: la carretera estaba anegada, los accesos al puerto cortados. Y era imposible que el catamarán zarpara de la isla. Por suerte, el resort había previsto un plan B y habían reservado unas cabañas de madera, no lejos del embarcadero.
    
    Teresa me miró. Estaba mojada, pero serena. Yo no sabía que pensaba ella, pero algo dentro de mí se alegró de este incidente inesperado.
    
    —Es como si la isla se negara a devolvernos —añadió ella sin dramatismo.
    
    Entramos al refugio con el resto del grupo, que se repartió por parejas. Nos reímos como adolescentes cuando vimos que tendríamos que compartir cuarto.
    
    —Te prometo no roncar —le dije, fingiendo solemnidad.
    
    —Y yo prometo no levantarme sonámbula.
    
    La cabaña era sencilla, con dos camas, una lámpara tenue, un cuarto de baño con ducha y una ventana que no cerraba bien. Una vez secos y más cómodos, usamos el teléfono satelital del guía para llamar a Clara y a Ignacio. Fue una conversación corta.
    
    —¿Estáis bien? —preguntó Clara.
    
    —Sí, tranquilos —respondí—. Nos quedamos en un refugio esta noche.
    
    No parecían preocupados, ni nos echaban de menos.
    
    —Nos hemos clasificado para la final de mañana. ¡Papá está feliz!
    
    Se puso él al teléfono.
    
    —Esto es lo que pasa cuando uno no juega al golf —rió incontroladamente.
    
    Cuando colgamos, nos quedamos los dos en silencio. Un silencio lleno de significado. Después ...
    ... de confirmar lo poco que se interesaron por nosotros,nuestro lazo se hizo aún más fuerte.
    
    —Ni siquiera han preguntado si necesitamos algo —murmuró Teresa, sorprendida.
    
    —A veces, cuando alguien está demasiado ocupado siendo el protagonista de su propia vida, se olvida de que los demás también están viviendo algo.
    
    Ella asintió. Se levantó y abrió la ventana. La lluvia golpeaba las hojas con un ritmo continuo, casi musical. Nos quedamos, cada uno en su rincón, escuchando la tormenta que nos había llevado a ese lugar sin haberlo planeado.
    
    —Es curioso —dijo ella—. Me siento más libre en este refugio que muchas noches en mi propia casa.
    
    La frase salió de sus labios sin énfasis y quedó suspendida en el aire. Salimos a la zona común donde nos ofrecieron una cena ligera: fruta, pan, algo de queso y cerveza. El resto del grupo se lo había tomado también como algo exótico, una experiencia que añadir a la excursión.
    
    Al regresar de la cena, encendimos una de las velas, que había en la cabaña por si fallaba la luz. La llama bailaba sobre la mesilla entre las dos camas, como una reproducción de lo que flotaba entre nosotros.
    
    La tormenta seguía sin ceder del todo, pero dentro de la cabaña la noche se había vuelto cálida. Mientras seguía cayendo la lluvia, sin la posibilidad de salir fuera de nuestro refugio, le propuse jugar a algo.
    
    —¿A qué se puede jugar cuando estás atrapado en una isla con tu suegra? —bromeó Teresa, con esa sonrisa suya que mezclaba inteligencia y ...
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