1. Pollón salvaje


    Fecha: 21/09/2026, Categorías: Sexo Interracial Autor: jovenesalegres, Fuente: TodoRelatos

    El todoterreno, más ruidoso de lo que Luis recordaba y con un interior sorprendentemente espartano para un servicio de lujo, dejó atrás el último vestigio de civilización. El camino de tierra se abría paso entre una vegetación densa y salvaje, que poco a poco mutaba en un paisaje más árido, salpicado de rocas y arbustos retorcidos. Sara, apoyada contra la ventanilla, no paraba de sonreír, su labio inferior atrapado entre los dientes en un gesto que Luis conocía bien: pura anticipación morbosa.
    
    —¿Estás nerviosa, bichito? —le preguntó él, deslizando una mano por su muslo. La piel de Sara era suave, incluso a través de la tela del pantalón de lino que llevaba. —¿Nerviosa? No, aunque igual con un poco de miedo. —Sara giró la cabeza, sus ojos verdes brillando con una luz traviesa—. ¿Tú no? Mira qué sitio más inhóspito. Promete. Se han tomado el serio el tema de la temática.
    
    El resort apareció de repente, una silueta irregular de edificios de aspecto robusto y semiderruido, camuflados entre la roca y la maleza. No había rastro del lujo habitual; todo parecía diseñado para confundir, para sumergirles de inmediato en la fantasía. Un tipo con una vestimenta que recordaba a un carroñero postapocalíptico les abrió la puerta del coche. Su rostro era serio, su mirada, intensa.
    
    —Bienvenidos al Refugio. —Su voz era grave—. Dejad vuestras pertenencias aquí. Se os indicará dónde depositarlas. Luis y Sara intercambiaron una mirada de complicidad. La experiencia temática ya había ...
    ... empezado. El hombre validó sus reservas a través de un lector de códigos QR y les pidió que dejaran los dispositivos en una caja. Unas manos invisibles, o al menos muy discretas, se llevaron sus maletas mientras ellos eran guiados a una cabaña pequeña y austera. Dentro, una cama con un colchón fino y una mesita de noche era todo el mobiliario. Sobre la cama, una bolsa de tela de saco.
    
    —Aquí tenéis vuestra indumentaria para el inicio de la experiencia. Vuestra ropa se guardará hasta el final. Tenéis quince minutos para vestiros y dirigiros a la Sala de Iniciación. —El tipo no les dio tiempo a responder y desapareció tan rápido como había llegado.
    
    Sara no esperó. Abrió la bolsa con la avidez de un niño en Navidad. Sacó un pantalón ancho y desgarrado, lleno de parches, una camiseta blanca de tirantes, sucia y con agujeros estratégicos y un chaleco de tela gruesa, también roto y con aspecto sucio.
    
    —Joder, Luis, mira esto. ¡Es increíble! ¡Parecemos salidos de una peli! —Se cambió rápido, revelando el sujetador de encaje negro que Luis le había comprado—. ¿Te mola mi nuevo look de guerrera desquiciada? Luis se desnudó también, sus músculos bien trabajados tensándose mientras se ponía la ropa de la bolsa. El tejido rasposo se sentía extraño contra su piel. Miró a Sara, que ya se estaba atando los cordones de unas botas toscas que venían en la bolsa. El top, se pegaba a su pecho mediano y firme en algunos puntos, y dejaba entrever el ombligo plano y el inicio de su culito ...
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