1. Pollón salvaje


    Fecha: 21/09/2026, Categorías: Sexo Interracial Autor: jovenesalegres, Fuente: TodoRelatos

    ... pasillo oscuro llamó su atención. Un tenue resplandor anaranjado, más cálido que el de las velas de los pasillos, se filtraba por la rendija.
    
    Con el corazón martilleando en el pecho, Sara se acercó sigilosamente. Empujó la puerta con cuidado. La estancia era una antigua habitación, ahora en ruinas. Una gran parte del techo se había derrumbado, revelando el cielo estrellado. En el centro, una hoguera improvisada, hecha con maderas viejas y trozos de muebles, crepitaba suavemente, lanzando sombras danzarinas por las paredes. El calor era un alivio bienvenido en el aire helado.
    
    Sara dio un paso hacia el interior, su linterna explorando los rincones. No había nadie. Se acercó a la hoguera, extendiendo las manos para calentarse. La llama proyectaba su silueta contra la pared, haciéndola parecer más alta, más vulnerable. Mientras se deleitaba en el calor, un movimiento en la oscuridad, a su derecha, la hizo girar bruscamente.
    
    De entre las sombras más profundas de la habitación, surgió una figura. Era un hombre. Alto, musculoso, su piel negra brillaba con el sudor y el reflejo de las llamas. No llevaba nada más que un taparrabos raído, que apenas cubría su virilidad, dejando al descubierto unos muslos potentes y un torso esculpido, surcado de cicatrices simuladas que le daban un aspecto aún más feroz. Sus ojos, en la penumbra, parecían dos ascuas ardientes.
    
    La aparición fue tan repentina, tan impactante, que a Sara se le escapó un pequeño grito ahogado. La linterna se ...
    ... le cayó de la mano, rodando por el suelo y apagándose. La única luz que quedaba era la de la hoguera, que hacía que la figura del hombre pareciera aún más imponente, casi mítica.
    
    El hombre dio un paso lento hacia ella, sus músculos flexionándose con cada movimiento, como los de un depredador que acecha a su presa. Su voz era profunda y gutural, resonando en la habitación como un trueno lejano.
    
    —¿Qué haces aquí, escoria? ¿Tienes algo para mí? —Su mirada era intensa, depredadora, y se detuvo en su figura delgada, recorriéndola de arriba abajo con una lascivia apenas contenida.
    
    Sara, aunque supo que era parte del juego, sintió un escalofrío que no era solo de frío. Este tipo era una fuerza de la naturaleza. Trago saliva, su garganta de repente seca.
    
    —Yo… yo no tengo nada. Me acaban de dejar aquí. El hombre soltó una risa ronca, que retumbó en la habitación y le puso los pelos de punta. Dio otro paso, acortando la distancia entre ellos.
    
    —¿Nada? ¿Ni una migaja, ni un trozo de carne? En este puto mundo, si no tienes nada que ofrecer, entonces eres lo que se come. —Sus ojos se clavaron en los de ella, oscuros y prometedores. —Si no tienes comida para mí… entonces te comeré a ti.
    
    El aliento del gigante, caliente y salvaje, le golpeó la cara. Sara sintió un escalofrío que le recorrió la espalda, pero no era de miedo. Era una descarga eléctrica, una chispa que encendía algo primario en su interior. Se repitió mentalmente que aquello era un ambiente controlado, que no ...
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