1. Pollón salvaje


    Fecha: 21/09/2026, Categorías: Sexo Interracial Autor: jovenesalegres, Fuente: TodoRelatos

    ... penetración más suave pero igualmente profunda, sus cuerpos moviéndose al unísono, como dos depredadores en la danza final. Sus grandes manos la masajeaban las tetitas haciéndolas desaparecer bajo las palmas. Él la miró a los ojos, una posesión salvaje en su mirada. Sara sabía que estaba perdida, y quería estarlo.
    
    Finalmente, el hombre se levantó. Sara lo miró, su coño todavía empapado de su semen, y supo lo que venía. El hombre se acercó, y con un empuje final, se corrió de nuevo, esta vez llenando su boca con un chorro espeso y caliente. Sara lo dejó caer por su boca, sin dudar, sin protestar, sus ojos fijos en los de él, una aceptación total de su dominio.
    
    El silencio de la habitación, roto solo por sus respiraciones agitadas, fue el único testigo de la brutalidad y la pasión que habían compartido.
    
    Ella se puso de pies, y se abrazaron. El calor de los cuerpos entrelazados, el aroma a sudor y semen, el eco de los jadeos y los gemidos, aún llenaban la habitación en ruinas. Sara, con el rostro brillando por el sudor y el pene flácido sobre su vientre. Había sido una orgía de instintos primarios, una descarga brutal que la había dejado exhausta y exultante a partes iguales.
    
    De repente, un ruido. Pasos que se acercaban, voces ahogadas. La luz de varias linternas parpadeó en el pasillo adyacente. Sara se incorporó, alerta, su corazón aun latiendo con la adrenalina del encuentro. El hombre también se tensó, sus músculos volviendo a contraerse.
    
    La puerta ...
    ... destrozada de la habitación fue empujada con brusquedad. Un grupo de cinco o seis figuras, vestidas con harapos similares a los suyos, con cascos y máscaras improvisadas, se detuvieron en el umbral, sus linternas apuntando directamente hacia la escena. Eran otros clientes, inmersos en su propio rol de supervivientes, que, por alguna razón del juego, habían llegado a esa habitación.
    
    Las linternas se detuvieron, fijas, revelando la escena en toda su cruda gloria: el hombre negro, desnudo salvo por el taparrabos caído por completo a sus tobillos, su polla aún enorme y goteante, la piel oscura brillando a la luz de las antorchas y las linternas. Y Sara, tumbada a su lado, desnuda, sudorosa, con el pelo revuelto y, de forma inconfundible, con restos de semen pegados a la comisura de sus labios y una mancha brillante en su mejilla. El olor a sexo, a fluidos corporales, era innegable.
    
    Hubo un silencio tenso, casi cómico. Las bocas de los "supervivientes" se abrieron, sus ojos se abrieron de par en par, sus máscaras no podían ocultar la sorpresa y el asombro. Algunos soltaron pequeñas exclamaciones ahogadas. La inmersión, para ellos, acababa de alcanzar un nuevo nivel.
    
    Justo en ese momento, una voz familiar resonó desde el fondo del pasillo.
    
    —¡Sara! ¿Estás aquí, joder? ¡Menuda puta odisea! Qué…
    
    Luis apareció por detrás del grupo, con su ropa de superviviente aún más rasgada que antes, el rostro sucio y una expresión de agotamiento. Su mirada recorrió el grupo de clientes ...