1. Economista y prosti (2)


    Fecha: 22/09/2026, Categorías: Primera Vez Autor: Dessert3, Fuente: CuentoRelatos

    ... decidí gratificar a Ricardo por todas las cosas lindas que me decía, subiéndome el vestido todo lo posible. Se veían todos los muslos y él podía acariciar mi concha.
    
    Pero no contaba con que un semáforo, el último saliendo de Montevideo, hizo que nos detuviéramos al lado izquierdo de un camión. Un claxon sonó estrepitosamente, miré hacia en camión y vi la cara sonriente del camionero que me hizo seña con un pulgar hacia arriba.
    
    Me pareció lógico retribuirle mostrándole un poco de escote, no todo, y nos fuimos.
    
    -Si él supiera! Dijo Ric. Me reí y dije: “que imagine lo que quiera”.
    
    Ya entramos a ver verde a los lados, muy disfrutable todo. ¡Y yo con ‘novio’! Me sentía casi como adolescente nuevamente. Sólo que esta ves era con permiso de mi marido y mi novio, un 60+.
    
    Conversamos de mi curiosidad y ansias de estrenarme como prosti. De mi deseo de recibir dinero por mi cuerpo, cada vez un deseo mas intenso.
    
    También hablamos acerca de las dificultades que me imagino para conocer clientes confiables.
    
    En ese tema, Ric me preguntó acerca de si, si se diera el caso, podría recomendarme algún conocido suyo, a lo cual accedí sin dudarlo pues confío y confiamos plenamente en él.
    
    Tanto confío en él, que le di un adelanto acerca de mi intención de aprovechar el crucero a que nos han invitado mis suegros, para tratar de seducir a mi suegro. He notado alguna mirada inconfundible de atracción, pero siempre ha habido total respeto. Le pediré autorización a Tommy, ...
    ... obviamente. Mi novio se rio, me acarició el muslo y dijo: “eres terrible”. A lo cual respondí: “culpa de mi marido, que despertó a la tigresa!”
    
    Llegamos, Ric encantado con la entrada a la casa, un sendero de unos 20 metros bordeado de árboles, césped al frente, más o menos media hectárea de césped al fondo, con algunos árboles frutales, de los que nos servimos libremente y el resto lo cosecha el casero para su provecho, junto con todo lo que cultiva en las más o menos 10 hectáreas restantes que usa para frutales y verduras. El resto del terreno es virgen, con sauces llorones en la costa del río. Lógicamente, siempre nos visita para saludar y traernos una o dos bolsas de vegetales, ¡provisiones frescas y naturales para Montevideo!
    
    Ya Tom había llegado, y había avisado al casero de nuestra llegada, siempre lo hacemos para que no piense en intrusos.
    
    Ya eran las 11.30, pero no había apuro. Contamos a Tom la anécdota del camionero, sacamos de la casa las tumbonas (o reposeras, como gusten), y las colocamos cerca de la barbacoa abierta que se integra a la galería a lo largo del fondo de la casa.
    
    Mis varones, se fueron a prender el fuego y aperitivar algo. Yo a preparar ensalada y puse bebidas a enfriar.
    
    Y a continuación aprovechar el día para tirarme al sol en una de las reposeras. Me descalcé y solamente me recosté boca abajo, el vestidito deja la espalda libre, y en confianza me levanté el vestido hasta la cintura para asolearme las piernas y el bum bum, ¡según le llaman ...
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