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Dominada en la discoteca VI
Fecha: 25/09/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Gaia, Fuente: TodoRelatos
En el último capítulo… — Eres mi perrita. Una buena perrita. Solo eso. Una perrita que no piensa, que solo siente y obedece a su ama… — Las palabras, combinadas con las caricias constantes y el rascar detrás de las orejas de Gaia, reforzaban su sumisión y la hacían perderse en el momento. La voz de África era una constante en su mente, guiándola hacia una entrega total, mientras el consolador y las caricias se convertían en el centro de su mundo. Gaia se entregaba completamente a las sensaciones, su cuerpo y mente sincronizándose con cada palabra y movimiento, en un estado de placentero abandono. Sus ojos se ponían en blanco de vez en cuando. De repente, Gaia, en un estado de relajación profunda provocado por el intenso placer, perdió el control y se orinó. La humedad cálida se esparció sobre la cama, y una ola de vergüenza la invadió, provocando un gemido de incomodidad. África, con una sonrisa complacida, la tomó del collar con una firmeza reconfortante y la acercó a ella, mientras continuaba acariciándola suavemente detrás de las orejas. — Shhh. No te asustes. Es tu cuerpo aceptando que eres una perra. Las perritas se mean, no se controlan. Lo has hecho muy bien. Buena perrita… —dijo África con una voz calmada y afirmativa. Gaia, confundida por la mezcla de sensaciones y emociones, la miró con ojos inquietos, pero antes de que pudiera procesar completamente sus sentimientos, una nueva embestida del consolador la hizo gemir de nuevo. África, manteniendo la ...
... mordaza en su lugar, bajó la correa para dejar la boca de Gaia un poco más libre, sin dejar de rascarle detrás de las orejas. La miró fijamente, con un aire de desafío y ternura. — Ladra. Eres una perrita. — Su voz era clara y autoritaria, imbuida con una mezcla de desafío y cariño. Gaia, sintiendo la presión y la necesidad de cumplir con las expectativas de África, comenzó a gemir y a ladrar involuntariamente, sus ojos vacíos de concentración. — Ladra o dejo de rascarte. Y eres una perrita. Quieres que te rasque. — El tono de África era firme, pero su gesto era indulgente y reconfortante. Gaia, atrapada entre la necesidad de obedecer y el deseo de continuar sintiendo el placer de las caricias, ladró sin entender del todo por qué lo hacía, pero con una convicción instintiva. — Eso es, buena perra. —------------------------------------------ La mente humana puede entrar en unos estados en los que se disocia completamente, como si el cuerpo y el alma se separaran sin avisar, dejando al primero vagar vacío, y al segundo atrapado en un mar turbulento de pensamientos y emociones. Es en esos momentos cuando el tiempo se vuelve un enemigo, una corriente lenta y pesada que arrastra todo hacia un abismo silencioso. Gaia lo había sentido muchas veces, esa extraña sensación de estar observando su propia vida desde fuera, sin poder intervenir, como si fuera un espectador ajeno a su propio dolor. Los recuerdos se fragmentaban, los sonidos se atenuaban, y el mundo se tornaba ...