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Dominada en la discoteca VI
Fecha: 25/09/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Gaia, Fuente: TodoRelatos
... inesperada, el pulgar dibujando un gesto lento sobre su piel. Ana casi se atragantó al tragar saliva cuando sintió cómo la otra mano de África desaparecía entre sus piernas, explorando con una seguridad serena, sin prisas, como quien ya conoce el camino. La rubia levantó la mirada, temblorosa, y se encontró con los ojos oscuros de África. Durante unos segundos, se sostuvieron la mirada, sin palabras, sin necesidad de ellas. Era un silencio lleno de electricidad, de curiosidad, de algo más profundo que el mero deseo. África no sonreía, pero había algo en su expresión que desarmaba: la mezcla entre control y cuidado, entre certeza y afecto. No era un juego. No del todo. —— Estás empapada. ¿Quieres que te alivie un poco, preciosa? —— Ana dudó. Joder, era su prima. Pero en cuanto esos dedos acariciaron suavemente sus labios empapados… toda esa duda desapareció. La boca de África se cernió sobre la de Ana, tan cerca que el aire pareció detenerse entre ellas. Fue un primer beso, suave, casi reverente. Ana respondió con timidez, los labios entreabiertos en una mezcla de nervios y deseo. Al principio, fue solo un roce, un contacto tenue, como si aún no se atrevieran a cruzar del todo esa línea invisible. Pero entonces, la lengua de África acarició con delicadeza el labio inferior de Ana, pidiéndole paso. No fue una orden, sino una invitación. Una promesa. Ana se rindió. Abrió la boca con una respiración entrecortada, y África entró en ella con una lentitud ...
... deliciosa, explorando, probando, marcando el ritmo. Era un beso que hablaba de cuidado, pero también de experiencia. De deseo contenido. De un lenguaje nuevo que Ana apenas estaba comenzando a entender. El mundo alrededor se desdibujó. Ya no existía el salón, ni el silencio, ni siquiera el recuerdo de Gaia dormida detrás de la puerta. Solo ese beso. Solo ese momento suspendido entre lo que eran antes… y lo que empezaban a ser ahora. —Yo… yo no quiero ser como ella — masculló Ana, apartándose apenas unos centímetros, lo justo para que el aire volviera a colarse entre ambas. África la miró en silencio durante un segundo eterno. Luego sonrió, suave, como quien ya ha escuchado ese miedo antes. Sabían perfectamente de quién hablaba Ana. De Gaia. O de lo que quedaba de ella después de entregarse por completo. —Nunca serás como ella, Ana. No te preocupes — murmuró, acariciándole la mejilla con el dorso de los dedos—. Ahora deja de pensar un ratito… y déjame que te haga disfrutar. No le dio tiempo a responder. África volvió a besarla, esta vez con más decisión, con la seguridad de quien ya ha cruzado un umbral. Los besos tomaron el rumbo del deseo contenido, de la necesidad que llevaba tiempo gestándose en el fondo, esperando el momento exacto para explotar. África la guiaba con calma, sin prisas, pero con una intención clara: desarmarla, poco a poco, con cada roce, cada caricia bien medida. Las manos exploraban, las respiraciones se entrecortaban, y Ana se dejaba llevar. ...