1. Dominada en la discoteca VI


    Fecha: 25/09/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Gaia, Fuente: TodoRelatos

    ... difuso, como un sueño que se deshace al intentar agarrarlo.
    
    Pero lo que estaba sintiendo en esos momentos… Gaia no podía expresarlo con palabras. Era otro nivel de disociación. Uno del que no quería volver. Su mente la había abandonado y su cuerpo respondía a África. A su Ama. A su Dueña.
    
    Sus ojos volvieron a posarse en África. Se había meado encima y había ladrado. Como un animal. Eso en lo que África quería convertirla. Estaba sonrojada, con los labios entreabiertos y la saliva cayendo por su mandíbula. Sus ojos se cerraban y abrían por el placer de las caricias detrás de sus orejas.
    
    —— Lo estás haciendo tan bien, perrita. Estoy muy orgullosa de ti. —— África besó su frente con una sonrisa ladeada. Luego miró detrás de la pelirroja e hizo una señal a Ana, que seguía moviendo su consolador. —— Tienes un premio enorme.
    
    Y así fue. Gaia llegó a un orgasmo que se había estado gestando durante horas invisibles, un fuego lento que quemaba por dentro, agazapado, esperando su momento. Era una llama contenida, un susurro de deseo y liberación que recorría cada fibra de su cuerpo, desatando una tormenta silenciosa y profunda.
    
    No era solo un estallido físico, sino algo más hondo: una ola que arrastraba miedos, ansiedades y fragmentos de su alma hasta arrinconarlos en un rincón oscuro. En ese instante, se sintió completa y vulnerable a la vez, entregada a la sensación de ser únicamente ella misma, sin máscaras, sin barreras.
    
    El mundo se redujo a ese preciso latido, a ...
    ... esa conexión íntima entre su cuerpo y África, que la sostenía, la miraba, y la acompañaba en ese viaje sin retorno.
    
    África se levantó despacio de la cama cuando Gaia cayó, rendida y casi inconsciente, sobre el colchón. Con cuidado, la arropó, como si con esa manta pudiera envolver también su alma agitada. Con manos suaves pero firmes, fue retirando una a una las pinzas y el consolador, dejando solo el collar intacto.
    
    África se quedó junto a la puerta, observando en silencio cómo Ana miraba a Gaia dormir. Ninguna de las dos dijo nada. Cuando sus miradas se encontraron, África hizo una seña apenas perceptible para indicar que era momento de salir. Cerraron la puerta con cuidado y se dirigieron al salón.
    
    África se sentó junto a Ana, apoyando una mano sobre su muslo, acariciándolo con una suavidad que hablaba sin palabras.
    
    —Todo esto es… — Ana fue la primera en romper el silencio, negando despacio con la cabeza—. Joder, nunca me lo habría imaginado.
    
    —Hay mucha gente así, Ana. Con todo esto dentro, latente. Todo ese potencial — respondió África, con la voz tranquila—. Yo supe verlo en Gaia. Y como has visto, todo es consensuado.
    
    Ana asintió, dejando que la mano de África subiera lentamente entre sus piernas, un gesto íntimo que encendió una chispa silenciosa.
    
    —La voy a cuidar — dijo África, con un tono firme—. Porque es mía. Y aunque sea mi mascota, me importa. Espero que lo sepas.
    
    África apoyó la otra mano en la mejilla de Ana, acariciándola con una ternura ...