1. Bajo la cama: Confesiones de un testigo oculto


    Fecha: 25/09/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Stevensegal, Fuente: CuentoRelatos

    Lo que les voy a relatar a continuación me ocurrió precisamente porque soy una persona sencilla, tranquila y, sobre todo, porque no soy celoso.
    
    Para comenzar, me llamo Matías, tengo 23 años y estoy en una relación con Agustina, quien tiene 22 años. Ella es una chica delgada, de cabello largo y oscuro, con una estatura que supera ligeramente el 1,60 metros (yo mido 1,66). Agustina tiene senos pequeños y una figura atractiva, con una cola que sin duda llama la atención.
    
    Hace aproximadamente un año, decidimos irnos a vivir juntos a un departamento. Yo tengo un buen empleo, mientras que Agustina está estudiando en la universidad. En este edificio, teníamos como vecino a un hombre de unos 37 años, quien vivía solo. Era un tipo atractivo, de estatura media, con un rostro bien definido y una sonrisa que transmitía confianza. Tenía el cabello oscuro, ligeramente despeinado, y una mirada intensa que resultaba intrigante. Su físico era atlético, como si se cuidara, y siempre vestía con un estilo casual pero elegante. Aunque era mayor que nosotros, su carisma y su actitud relajada lo hacían parecer más joven de lo que era.
    
    La cuestión es que, con el tiempo, entablamos cierta relación de amistad con este hombre. Con el paso de las semanas y los meses, esta relación fue fortaleciéndose hasta el punto en que él se convirtió en uno más de nosotros. Éramos como un trío, compartiendo momentos y experiencias que nos unían cada vez más.
    
    ¿Qué quiero decir con esto? Bueno, ...
    ... básicamente, él se enamoró de mi novia y, aunque podría parecer extraño, decidió confesármelo. ¿Por qué a mí? Porque nuestra amistad había trascendido lo superficial; yo era más que un simple amigo para él. Le transmitía una sensación de tranquilidad y confianza, como si supiera que no me lo tomaría a mal. Y, efectivamente, así fue. No me molestó ni me generó resentimiento. Al contrario, lo entendí como algo natural, incluso curioso, y decidí manejarlo con calma y apertura.
    
    Entonces, él comenzó a confesarme que encontraba a mi novia muy bonita y que, en el fondo, sentía que ella también podría tener algún tipo de atracción o sentimientos hacia él. Me explicó que quería comprobarlo, pero para eso necesitaba estar a solas con ella en algún momento. Me lo pidió con sinceridad, casi como si buscara mi aprobación o mi bendición. Y yo, con toda la tranquilidad y seguridad que me caracterizan, le dije que sí. Le di mi permiso para que intentara descubrir si lo que sentía era correspondido. No lo hice por indiferencia, sino porque confiaba en él, en ella y en la relación que teníamos. Además, me pareció una situación interesante, incluso intrigante, y quise ver cómo se desarrollaría.
    
    Una noche, él ideó un plan para estar a solas con Agustina. Le pidió que lo ayudara a preparar una cena, argumentando que tenía una cita con otra mujer y quería que todo saliera perfecto. Sin embargo, eso era mentira; solo era una excusa para pasar tiempo con ella. Agustina, sin sospechar nada, accedió y lo ...
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