1. Cosas del trabajo (Vinicio y Rodrigo)


    Fecha: 30/09/2026, Categorías: Hetero Infidelidad Autor: Tita, Fuente: SexoSinTabues30

    ... el ano, era un martirio para mí estar quieta, meditando en el Creador, cuando lo que deseaba era ¡darme sentones de gusto!
    
    A la hora de nuestras relaciones sexuales, nunca pudo contenerse más de dos minutos de meneos sin eyacular. ¡Me quedaba frustrada porque de inmediato se me salía el pene! Llegamos a pensar en irnos a otra ciudad para poner nuestra propia escuela de Yoga, pero nunca hubo dinero suficiente y ni pensar en pedírselo prestado a mi padre, quien estaba muy molesto por separarme de Saúl, o a alguno de los amigos.
    
    A Vinicio lo becó la Fraternidad para perfeccionarse a la India y yo no lo quise acompañar porque me veía frustrada al pensar en que dejaría a mis amantes, los cuales me daban lo que al yogui le faltaba… De cualquier manera, le fue bien, pues a su regreso se hizo cargo de un centro que la Fraternidad abrió en una ciudad del centro del país. Me invitó a irme a vivir con él, cosa que yo no quería fuera del DF, pero sí quise ir a meditar con él, sólo le pedí que él meditara y a mí me dejara hacer lo que yo quisiera mientras estuviéramos en flor de loto y ensartados. Fue rico, pero no hubo gran diferencia a lo que pasaba cuando yo me ensartaba en mi consolador y tomándome del arnés me daba tantos sentones hasta cansarme. Lo que sí era cierto es que ya podía el abstraerse de mis juegos sexuales y mantenerse con los ojos cerrado y el pito parado, pero si lo hacía sólo la verga la tenía flácida. Otra cosa que me gustaba con él era el servicio inmediato ...
    ... para servirme la leche, esto era lo máximo cuando de mamársela se trataba, nadie me daba su semen con tan pocas chupadas como lo hacía Vinicio.
    
    Sin embargo, gracias a Vinicio volví a la religiosidad, sin pensar en que el sexo era malo sino al contrario era el mayor don que el Altísimo nos regaló y por ello debíamos disfrutarlo para agradecérselo; y continué adquiriendo experiencias con nuevos amigos cariñosos, que ya no tuvieron interés en la formalidad, casi todos menores que yo, pero me dieron novedades qué pude ofrecerles a mis viejos amores.
    
    Uno de ellos fue Rodrigo, a quien yo había conocido cuando él era niño y compañero de mis hijos en la escuela. Ahora era un doctor en ciencias políticas. Coincidimos en una presentación de un libro de la que a mí me habían encargado la organización del evento y él era uno de los comentaristas. Él me reconoció en el acto y yo, de no haber sido porque leí su nombre cuando preparaba los identificadores no lo hubiese reconocido.
    
    —¡Hola, Tita, cuántos años sin vernos! —me dijo tomándome de ambas manos y dándome un beso, luego un abrazo el cual aprovechó para estrecharme muy bien y apretar mi pecho contra el suyo.
    
    —¡Uy, qué guapo estás! y se nota que ya eres todo un hombre! —le respondí cuando sentí su turgencia en mis piernas.
    
    La presentación del libro se dio sin mayores contratiempos y con la asistencia de un público regular. Después, un brindis de honor y la firma de libros por parte del autor. Rodrigo se desocupó pronto y ...