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Tu Mujer Mamándosela a Otro... y Vos Mirando
Fecha: 02/10/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Sushita Macuk, Fuente: TodoRelatos
No sé en qué momento el deseo se volvió más fuerte que la culpa… Tal vez fue la rutina, o quizás esa chispa que, aunque encendida, necesitaba otro tipo de fuego. Mi esposo y yo siempre habíamos fantaseado con el tema de los intercambios. Hablábamos de tríos, de ser vistos, de dejar que otro me tocara mientras él miraba. Eran ideas que nos calentaban, pero que nunca pasaban de la palabra a la acción. Algo en él —celos, tal vez— lo frenaba. Yo, en cambio, comencé a sentir que esas fantasías me ardían por dentro. Muchos hombres me escribían cosas calientes, atrevidas. Se notaba que querían probarme. Y yo, en lugar de ocultarlo, se lo contaba todo a mi esposo. Cada mensaje, cada insinuación. Me gustaba ver cómo se le marcaba el bulto en el pantalón mientras yo le leía lo que me decían. Pero un día, uno de esos hombres no se quedó en mensajes. Un chico del barrio, mucho más joven que mi esposo, más atrevido, más directo. Tenía 27 años. Yo 35. Ese día me escribió sin rodeos. Me dijo que me deseaba, que se la pasaba imaginando cómo sabría mi boca, cómo se sentiría enterrarse dentro de mí. Y no sé si fue la forma en que me lo dijo o lo mucho que me calentaban esas palabras... pero terminé yendo a su apartamento. No me alcanzó a abrir la puerta. Me esperó en las escaleras del edificio, en una zona oculta donde no pasaba nadie. Me acorraló contra la pared sin decir nada y me besó con esa hambre que uno solo siente cuando ha soñado muchas veces con algo y por fin lo ...
... tiene enfrente. Nuestras lenguas se buscaron como si se conocieran de antes. Su respiración estaba agitada, caliente, como su cuerpo. Su mano se coló entre las aberturas de mi vestido y encontró mi concha mojada, abierta, deseosa. Yo le jalé el pantalón, encontrando ese bulto duro, que palpitaba con fuerza. Mientras me mordía el cuello, yo le devolví el favor en su oreja. Él gemía bajito. Me tenía contra la pared, su mano empapada con mis jugos, yo sin aliento. No tardamos en hacerlo allí mismo, en esa escalera silenciosa, con mi falda recogida y su cuerpo empujándome contra el muro. Me cogió con fuerza, pero sin violencia, como si supiera exactamente lo que necesitaba. Como si hubiese esperado ese momento tanto como yo. Volví a casa con las piernas temblando… y con la cara marcada de placer. Mi esposo lo notó. No dije nada. No hizo falta. Su mirada me lo dijo todo: lo sabía. No me preguntó nada. Solo me miraba, como queriendo entender hasta dónde había llegado lo que él mismo había provocado con tantas fantasías. Durante días estuvimos tensos. Dormíamos en la misma cama, pero el aire estaba cargado de algo distinto. Un silencio que ardía. Una noche, mientras me secaba el cabello frente al espejo, me dijo con voz seca: —Te fuiste con él, ¿cierto? No lo negué. —Sí —le respondí, mirándolo directo—. Me cogió. Me observó en silencio, y por un segundo pensé que me iba a gritar, que me iba a exigir que me fuera. Pero no. Lo vi morderse el labio, ...