1. Tu Mujer Mamándosela a Otro... y Vos Mirando


    Fecha: 02/10/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Sushita Macuk, Fuente: TodoRelatos

    ... con los ojos encendidos, oscuros, como si estuviera excitado y furioso al mismo tiempo.
    
    No me dijo más. Se acercó a mí sin aviso y me besó con una rabia dulce, me arrancó la toalla del cuerpo como si se desquitara con ella, me empujó sobre la cama y me abrió las piernas de golpe.
    
    Nunca lo había sentido así.
    
    Me comió con ganas, como si quisiera borrar cualquier rastro del otro con su lengua. Me succionaba, me mordía los muslos, me lamía con desesperación. Me sentía suya, pero también sabía que estaba desquitándose conmigo por lo que había hecho.
    
    Cuando se metió dentro de mí, fue como si quisiera poseerme hasta el alma. Me miraba a los ojos mientras me embestía, fuerte, con ritmo, sin pausa. Yo gemía con la boca abierta, entre sorprendida y rendida. Era el mismo hombre de siempre, pero al mismo tiempo, uno completamente distinto. Salvaje, crudo, ardiente.
    
    Después, me abrazó sin decir palabra. Yo le acariciaba el pecho, sabiendo que en su mente todavía giraban imágenes de mí con otro. Y que esas imágenes, por más que le dolieran, también lo estaban quemando por dentro.
    
    —No sé si te odio o te deseo más que nunca —me dijo, susurrando, con la voz quebrada.
    
    Le besé el pecho. No respondí. Solo me acomodé entre sus brazos.
    
    Esa noche dormimos como si no tuviéramos nada que decirnos, pero todo por resolver.
    
    Después de todo lo que pasó, intentamos volver a la calma, como si todo pudiera quedar atrás. Pero entre nosotros ya se había abierto una puerta… y algo ...
    ... dentro de mí quería más.
    
    Fue entonces cuando apareció él: un hombre de otra ciudad, administrador de un hotel. Alto, directo, con una mirada que no pedía permiso. Me escribió y se notaba que me deseaba sin filtros. No ocultaba lo que quería hacerme.
    
    Esta vez decidí no ocultarle nada a mi esposo.
    
    —Me escribió otro —le dije—. ¿Te molesta si hablo con él?
    
    —Haz lo que quieras —me respondió, seco. Pero detrás de esa frase, yo ya reconocía el fuego oculto.
    
    Planeamos, casualmente, un viaje a la finca de mis padres, que quedaba cerca. Íbamos supuestamente a ver unos terrenos. Pero yo sabíamos que había algo más. Yo tenía todo listo. Él dudaba, como siempre, entre el morbo y los celos.
    
    Al final, aceptó. Pero con condiciones: solo verlo un momento, una videollamada rápida, sin que me tocara. Quería mirar, nada más. Controlar desde lejos lo que no se atrevía a detener.
    
    Pero todo cambió ese día.
    
    Mientras íbamos llegando a la ciudad, el hombre me escribió que no podía recibirme en el hotel. No había habitaciones. Me propuso algo más sucio, más improvisado:
    
    —Nos vemos en el carro. Te quiero chupar ahí mismo, sin vueltas.
    
    Le conté a mi esposo, esperando que él dijera que no. Y así fue. Se cerró de inmediato.
    
    —Nos devolvemos —dijo—. No hay nada qué hacer.
    
    —Al menos saludémoslo, ya que vinimos hasta aquí —le respondí, suave, como si de verdad no quisiera nada más.
    
    Pero en el fondo… yo ya había tomado una decisión.
    
    Me pasé a la parte trasera del carro, ...