1. Ayuda entre hermanas (4)


    Fecha: 04/10/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos

    —La comida está deliciosa —dijo papá, mirando a mamá con una expresión casi de niño bueno. Nadie le respondió. La tensión en el comedor era tan espesa que podría haberse cortado con un cuchillo. Diana y yo apenas hablábamos, y no porque no tuviéramos nada que decirnos, sino porque mamá había prometido hablar con nosotras después de cenar.
    
    No, déjenme rectificar eso: mamá nos había ORDENADO hablar con nosotras después de la cena.
    
    Ya saben, sobre lo que acababa de ver hace 25 minutos: a Diana y a su servidora en acción.
    
    La expectativa me estaba matando. Papá, siempre tan oportuno, intentó una vez más aliviar el ambiente. —¿Y ahora qué? ¿Una disculpa pública? ¿Un comunicado de prensa? ¿Una entrevista con la revista Forbes?
    
    Nadie rió.
    
    Papá ladeó la cabeza y miró a mamá.
    
    —¿Debo preocuparme?
    
    —Sí, Nicolás —dijo—. Esto es serio.
    
    Papá suspiró y se llevó las manos a la cabeza. Evalúo la situación y al final simplemente dijo:
    
    —Las dejo en tus manos —dijo, como si le hubieran dado el peor trabajo del mundo—. Si necesitas ayuda, avísame. Mientras tanto, yo me encargo de limpiar la cocina.
    
    —Gracias, amor —dijo mi mamá, con una sonrisa que era más alentadora de lo que el momento ameritaba. Bárbara nos miró a Diana y a mí como si fuéramos dos niñas que acababan de hacer una travesura monumental.
    
    El resto de la cena transcurrió como una misa. Yo daba vueltas a la cuchara como si fuera un rosario, y mi hermana, que siempre comía como una bestia, apenas ...
    ... probó bocado. Bárbara nos miró de reojo y sacudió la cabeza, como si de un soplido quisiera disolver la tensión.
    
    —Vayan al cuarto de Diana. Ahorita las alcanzo. Nos levantamos sin decir palabra. Subimos las escaleras en silencio, sintiendo que cada paso nos acercaba a un destino incierto.
    
    Nos sentamos en la cama, rodeadas de maquetas, planos y libros de arquitectura. El cuarto estaba abarrotado de cosas, y el desorden me hizo sentir más nerviosa de lo que ya estaba.
    
    Me pregunté si ella también estaría nerviosa o si sólo era mi impresión.
    
    La puerta se abrió con un chirrido.
    
    Bárbara entró y la cerró tras de sí. No supe si el ruido fue el de la puerta o el de mi boca al salírseme del pecho. Diana y yo contuvimos el aliento. Mamá se cruzó de brazos y nos miró en silencio, estudiándonos detenidamente.
    
    Su figura se impuso en el cuarto como un monumento imposible de ignorar.
    
    La observé con atención. Diana y yo no éramos las únicas en la casa que estábamos buenas. Su cuerpo voluptuoso, aunque no gordo, resaltaba incluso bajo la ropa doméstica: pantalones de algodón ajustados y una blusa de tirantes que dejaba ver el comienzo de sus tetas voluminosas. Su cabello castaño caía suelto sobre los hombros, contrastando con su mirada aguda. A través de la tela fina de su pantalón, percibí las curvas redondas de un culo digno del infierno. Bárbara era una mujer muy preciosa. No había duda de dónde lo había sacado Diana.
    
    —A ver, niñas —dijo—. Quiero entender qué está ...
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