1. Ayuda entre hermanas (4)


    Fecha: 04/10/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos

    ... clases.
    
    —Sí. Eso al principio no me lo esperaba —dije, poniéndome de pie.
    
    Mis pasos temblaron cuando me dirigía a la puerta.
    
    —¿A dónde vas? —me preguntó, recostándose en la cama.
    
    —A leer un poco —dije—. Quiero terminar eso antes de que me dé sueño.
    
    Estaba a punto de salir cuando un sonido nos detuvo. Un murmullo apenas audible.
    
    —Espera… —dije, intrigada—. ¿Lo escuchas?
    
    Diana puso atención. Ambas estuvimos en silencio unos segundos.
    
    —No sé, enana. No oigo nada.
    
    —Shhh… —insistí. Caminé fuera del cuarto y esperé que Diana me siguiera.
    
    —A ver… eres paranoica —dijo, alcanzándome en el pasillo.
    
    —Juro que escuché algo.
    
    Nos quedamos quietas, sin atrevernos a respirar. Apenas perceptibles, unos sonidos comenzaron a emerger. Diana se me quedó viendo con los ojos muy abiertos. Los sonidos se hicieron más claros.
    
    —Me estás jodiendo —dijo, y su voz se llenó de asombro.
    
    Volvimos al cuarto, y los gemidos de mamá eran cada vez más audibles. Bárbara y Nicolás lo estaban haciendo como dos adolescentes. No sabía si sorprenderme, sentirme incómoda o qué. Me sonrojé hasta las orejas.
    
    —Esto… no me lo puedo creer —dijo Diana, con una mezcla de incredulidad y diversión—. ¡No puede ser! Me están dando ganas de mojarme.
    
    —En serio… —dije, sin atreverme a mirarla—. Están siendo muy escandalosos.
    
    —¿Sabes qué? —me propuso, entusiasmada—. Vamos a masturbarnos.
    
    Tragué saliva. No dije nada. No hizo falta.
    
    Me quité el pantalón y luego las bragas. Ella ...
    ... hizo lo mismo, y a los pocos segundos estábamos las dos en la cama, con las manos entre las piernas y la ropa esparcida por el suelo. Debo admitir que, de alguna forma, la situación me había dejado excitada.
    
    —Esto es tan raro —dije, en un susurro.
    
    —También está bueno, ¿no? —contestó, con voz entrecortada.
    
    No respondí. La intensidad de los gemidos creció, y con ellos, nuestros movimientos.
    
    —Diana… —le dije, con el cuerpo ya tan húmedo como mi voz—. ¿Me puedes besar?
    
    No contestó. Se lanzó de inmediato hacia mi boca, con una explosión de deseo que me hizo perder el control. Me besó como si no creyera que se lo había pedido. Como una loca.
    
    Sentí que las piernas se me aflojaban. Todo se volvió líquido y lento. La intensidad de la situación se me fue de las manos. Los gemidos de nuestros padres se hicieron cada vez más fuertes. No sabía si era grotesco o perfecto, pero me hizo llegar al punto en que todo dio un giro enorme, y tanto Diana nos vinimos de forma más que satisfactoria.
    
    Cuando me ponía las bragas para ir a mi cuarto podía todavía escuchar los gemidos de mi madre y un suave golpeteo rítmico.
    
    Por increíble que parezca, dormí como una bebé esta noche.
    
    Al día siguiente, la cena pasó con un humor mucho más amable.
    
    De nuevo, la reunión ocurrió en el cuarto de mi hermana.
    
    —A ver, chicas —dijo, cruzándose de brazos—. ¿Qué han estado aprendiendo?
    
    Diana fue la primera en contestar, emocionada como si hubiera estado esperando la pregunta toda su ...
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