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Gunilda, mi médico hetero y mi amor (parte 1)
Fecha: 09/10/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Amorclandestino, Fuente: CuentoRelatos
... de su cuerpo contra la menudez del mío, que me hiciera completamente suya haciéndome el amor siendo ella la dominante, poseyéndome, haciéndome «sentir mujer» siéndolo también ella. Son las seis y media de la mañana, hora de levantarme. Me espera un largo viaje en tren de más de un transbordo. Podría salir de casa más tarde, ya que la visita es a última hora del día, aunque teniendo en cuenta el nefasto funcionamiento de la red ferroviaria aquí en España, es mejor ir sobradamente prevenida. Realmente me muero de ganas de verla y quiero llegar lo más pronto posible. Además, quiero pasar el día en la ciudad y hacer visitas en algunos lugares históricos destacados. Me levanto de la cama y me dirijo al cuarto de baño para ducharme. Me desprendo del camisón de tirantes y me meto en la ducha, debajo del cabezal. Chorros de tibia agua empiezan a empapar mi cuerpo. Siento especialmente como vibra el contacto del agua con mi blanca piel en mis sensibles e hinchados pezones, ya doloridos anunciando la relativa cercanía de mi inminente menstruación. Es una agradable sensación de dolor y placer al mismo tiempo. Conforme el agua roza dulcemente mi piel, pienso más en Gunilda y en mis ansias de verla. Imagino sus gruesas, largas y toscas manazas tomando con ternura las mías, sintiendo el dulce contraste ya que tengo unas manos muy delgadas, delicadas y con dedos de pianista. Recorriendo discretamente mis brazos y mi esbelta figura mientras me abraza cuando nos saludamos y mientras ...
... me revisa, masajeando bien mi cuerpo, piel con piel. Me imagino quitándome la ropa delante de ella en la consulta, mostrándole mi cuerpo en ropa interior. Empiezo a sentir calor y humedad dentro de mí. Me ruborizo, me muerdo los labios y se me eriza la piel pese al agua caliente y mientras me froto con la esponja rociada de gel con perfume de jazmín, acaricio mi cuerpo imaginando que es ella quien me lo acaricia con sus manazas mientras me besa el cuello, las mejillas y los labios. ¡Uf! Es tanto el calor y la hinchazón que siento dentro de mí, que caigo rendida agachada al suelo de la bañera y empiezo a estimular mi clítoris y mi vagina con una mano y mis pechos y mis pezones con la otra imaginando que es ella quien me lo hace penetrando en lo más profundo de mi ser con sus dedazos y empiezo a gemir. –Mmm… ¡Sí! Mmm… ¡Gunilda! –repito varias veces, entre ardientes gemidos. Estoy que no quepo de deseo. Transcurridos unos minutos, cambio la salida del agua del cabezal al teléfono de la ducha, me tumbo en la bañera, tomo en teléfono con el agua caliente chorreando y lo pego a mi rosa del amor. Con la otra mano continuó acariciando mi cuerpo y estimulando mis pechos y mis pezones. Y así continuo durante unos breves y largos minutos hasta que mi cuerpo no resiste más ante tanto placer y se funde en un tremendo clímax. Termino de lavarme y salgo de la ducha. Cubro mi cuerpo con una toalla y me seco. Conforme mi riego sanguíneo asciende de mi punto g a mi cerebro, retorno ...