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Madura cornuda follada por su mejor amigo (y 3)
Fecha: 11/10/2026, Categorías: Infidelidad Autor: MaduroCastellano, Fuente: TodoRelatos
... mientras me follaba. Ciertamente, yo ya no tenía absolutamente ningún secreto para él, al menos en el plano físico. Mientras me follaba, con una mano él me masturbaba el clítoris. Me estaba poniendo a cien por hora, pero mi verdadera fantasía no era esa. En una ocasión, mi marido, después de beberse algunas copas, mientras me follaba a cuatro patas se atrevió a meterme un dedo por el culo y a mí me puso cachondísima. Quería repetirlo con Roberto, pues nunca me he atrevido a confesarle a mi marido que me encantó que me hiciese eso. Por eso, en un momento dado, cogí la mano de Roberto con la que me estaba masturbando y la retiré de mi chocho. - ¿No te gusta lo que te hago? - Sí, pero quiero que me hagas otra cosa. Solo la he hecho una vez y me gustó mucho. Pero me da muchísima vergüenza pedírtela. - No te preocupes. Seguro que me gustará mucho. - ¿Seguro? - Sí, sí. - Ponme la mano detrás. [No sabía cómo pedírselo] - ¿Cómo? - Quiero que me hagas lo que me estabas haciendo por delante, pero por detrás. Con un dedo. - ¿Por el culo? Verbalizado de esa manera me hizo parecer como una enferma ninfómana. Yo estaba tan avergonzada que no contesté. Estaba convencida de que me iba a decir que no. Yo, por si acaso, cuando me duché me lavé especialmente bien esa zona. Pero enseguida me di cuenta de que Roberto esa noche haría cualquier cosa que yo le pidiese, por sucia que fuera. Suavemente empezó a acariciar mi ano y poco a poco introdujo su dedo índice ...
... en mi culo. Di un respingo y un gemidito, cómo lo deseaba. Con la voz de putita complaciente que se me pone cuando estoy especialmente cachonda, le dije: - Está limpio, me he lavado bien con jabón cuando me he duchado. - Sí, es verdad. Se pueden comer unas sopas en él. - Que papón eres. Ahí dejamos de hablar y comenzamos a explorar nuestros límites, especialmente los míos. Él seguía con su polla metida en mi coño. Pero el protagonismo, sin duda, era en ese momento de mi otro agujero. Ahí es donde estaba el verdadero morbo. No quiso profundizar demasiado en la penetración digital, por lo que solo metió unos tres o cuatro centímetros de su dedo. Cuando lo sacaba, acariciaba mi ano peludo por fuera, e incluso se atrevía con la protuberancia que me nacía en el lado derecho del orificio. De pronto, saco su polla de mi rajita y metió dos dedos de la otra mano en la vagina y me sacó una buena cantidad de flujo que untó en mi ano para facilitar una nueva penetración anal de su dedo. Yo estaba cachonda perdida y no paraba de gemir como una perra en celo. - Me tienes a cien- le confesé. - Yo también estoy super cachondo, paponcilla. [Ya lo suponía por el tamaño de su tranca] Sacó el dedo y empezó a frotar su pene por el exterior de mi ano. A veces me apretaba fuerte. - ¿Te hago daño? - Nooo…oooo – yo estaba tan excitada, que apenas podía hablar. En ese momento, paró y corrió al cajón de su mesilla, lo abrió y sacó un tubo de lubricante. Lo colocó en la ...