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Profanación en una biblioteca
Fecha: 11/10/2026, Categorías: Hetero Autor: Traviesa, Fuente: CuentoRelatos
... encargado, él la tomó por la mano y la llevó rápidamente al final del pasillo principal dónde había merodeado minutos antes. Él deseaba hacerle una buena comida de coño. Había una ventana, un escritorio, varias sillas y escaparates que ofrecían un oasis a estos amantes. Ella misma con un movimiento muy gracioso, se bajó las bragas y las tiró a un lado. Ares la cargó y subió a la mesa dónde le ordenó cerrar los ojos y no abrirlos hasta que él le permitiera. Él le levantó el corto vestido, abrió sus piernas de par en par, encontrándose con su vulva totalmente depilada. Se acercó, le separo los labios vaginales con los dos dedos pulgares y metió su nariz, enterrándola en toda su raja cual arqueólogo desesperado por descifrar un jeroglífico de piel. Saco su rostro todo mojado, como si lo hubiera metido en una fuente. Ella solo jadeaba tratando de no hacer ruido, no vaya a ser que alguien los escuche. Ares lamía de abajo a arriba como con la intención de secársela, pero consiguiendo el efecto contrario. Cuanto más lamía y chupaba más se le humedecía. El sabor de Afrodita —ácido y dulce como un manuscrito olvidado— lo enloquecía. Cada lamida era una corrección a su anterior error: borrar sus mensajes. Ahora, con la nariz empapada y los dedos anclados en sus caderas, reescribía su penitencia. Él notando que ella ya estaba a punto de gritar de placer, la jaló hacía si provocando que su cabeza saliera un poco del escritorio dejándola en una buena posición para que ...
... ella pudiera hacerle sexo oral. Sacó su verga y se la metió bien adentro. Ella provocaba cosquillitas en su glande con su garganta. De vez en cuando alguien abría la puerta de la biblioteca solo para fijarse que el encargado no estaba y que había un letrerito que decía “receso, vuelvo en breve”. Ambos se petrificaban del miedo, pero continuaban con su juego. Él se la sacaba de la boca y ella aprovechaba para decirle cosas lascivas. Mientras ella se masturbaba y acariciar su clítoris, metiéndose un dedo, y luego dos, él acariciaba sus nalgas, jugando con su ano, sintiendo cómo su esfínter estaba un poco dilatado, animándose a meterle un dedo, y luego el otro. Estaban tan calientes, que ya profanaban con sus bocas ese lugar. —¡Ya me vengo papi! Ella solo alcanzó a emitir un leve gemido. Él seguía bombeando cada vez que ella se prendía más, estimulando más tanto su clítoris como su ano. Por fin ella abrió los ojos. —No te he dado permiso aún —dijo él juguetonamente nalgueándola. La cambió de posición, de espaldas a él y recostándola sobre el escritorio, sacó de su bolsillo un preservativo y se lo colocó. El reloj hacia tic, tac… La excitación se sentía en el aire, se la metió hasta la empuñadura, sintiendo como sus huevos chocaban con las nalgas de ella, era una sinfonía de sonidos que emitían gracias a todos los jugos de Afrodita. Ares estaba fascinado con lo que veía, su espalda arqueada, su vestido arremangado, sus nalgas expuestas vibrando, danzando, ...