1. Profanación en una biblioteca


    Fecha: 11/10/2026, Categorías: Hetero Autor: Traviesa, Fuente: CuentoRelatos

    ... moviéndose rítmicamente al son de varios orgasmos. El escritorio se había convertido en un altar. Los libros alrededor testigos mudos de cómo un analizador de iones podía convertirse en un devorador de orgasmos.
    
    Ella le pidió que le diera por el culo, él estaba esperando ese momento. Ella misma tomó su pene lentamente, muy despacio lo fue insertando, sudando, gimiendo y cuando ya estaba casi todo dentro él empezó a bombear, sintiendo ya como se contraía ella en otro orgasmo más.
    
    Sintieron como la puerta de la biblioteca se abrió. Él empezó a bombear más rápido sentía que me iba a vaciar dentro de su culo. Él dependiente lo llamó por su nombre. Él solo pudo decir, ya voy. Ambos temblaban. Ella no podía moverse estaba petrificada. Él intentaba guardar la compostura, su erección era muy notoria.
    
    Los pasos eran cada vez más fuertes, el encargado se estaba acercando, traía una pila de libros en sus brazos y los estaba colocando en diferentes sitios. Afrodita no encontró sus bragas, se sentó frente a Ares simulando que estaban desarrollando un problema matemático.
    
    —Te quería pedir que me ayudes a mover el escaparate que está en la entrada, no puedo solo. —diciendo esto se dio la media vuelta, por lo que Ares aprovechó para sacarse el preservativo.
    
    —Sí, si claro. Vamos.
    
    Afrodita asustada por fin logró encontrar sus bragas justo en la sección de diccionarios.
    
    Ares salió del lugar dándole un beso ardiente.
    
    —Ya vuelvo —susurró.
    
    Alguien ...
    ... entró y pidió al dependiente algo, ella pudo sentir los pasos y los sonidos de búsqueda entre las repisas. Al cabo de unos minutos Ares regresó.
    
    —Aproveché para ir al baño a lavarme y no tengo más preservativo por lo tendré que venirme en tu boca.
    
    Afrodita se hincó, pero él la volvió a acostar en el escritorio, esta vez la espalda de él daba hacia el pasillo y la cara de ella estaba vigilante por si alguien venía. El miedo de que alguien entrara y los atrapara hacía aún más excitante la situación. Ella empezó a mamarle la verga, él estaba tan entusiasmado que se la sacaba y metía totalmente. A la vez sus dedos, como neutros energéticos, exploraron su clítoris, midiendo las emisiones de su placer, pero al mismo tiempo él estaba obteniendo el placer necesario al tocarla.
    
    —Quiero tu leche —susurró ella lascivamente.
    
    Él ya no podía más, esa frase hizo estallar el volcán que ya no podía contener más esa lava. Comenzó a expulsar todo de él, a ella se le desbordaba la esperma por la comisura de sus labios, chorreando su descarga sobre su pelo y el resto de su cara y cuello. Ella quedó toda embadurnada, irreconocible.
    
    —Uff, cómo me has dejado, voy a oler a ti todo el puto día —comentó, excitada.
    
    Afrodita atrapó una gota de semen, que chorreó por su mentón y con el dedo la llevó a los labios de Ares.
    
    —Tu firma —susurró.
    
    Y en ese instante, entre diccionarios polvorientos, supieron que ninguna palabra describiría jamás aquella humedad compartida. 
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