-
Mi primito: La primera vez
Fecha: 14/10/2026, Categorías: Incesto Autor: Lena Hache, Fuente: TodoRelatos
Era un verano cualquiera. Mi hermana, mi hermano, nuestros cinco primos y yo pasábamos un mes entero allí, la última quincena de julio y la primera de agosto. Nuestros padres y nuestros tíos se quedaban los primeros días, luego se iban y volvían para las fiestas del pueblo. Pasábamos todos juntos los cuatro o cinco días de verbena y luego cada uno a su casa. Los abuelos eran los que se encargaban de nosotros durante el mes que estábamos en el pueblo. Para quitarles el marrón de encima a los abuelos, yo, que era la mayor de los ocho nietos, me encargaba de controlar a los otros siete mientras jugábamos por la finca. Uno de mis primos y mi hermana (segundo y tercera por edad), que se llevaban pocos meses, eran inseparables y se pasaban el día jugando a las guerras contra los cinco más pequeños. Yo me encaramaba a la casa árbol que hizo mi abuelo en una encina cuando nuestro padres era pequeños y desde ahí arriba (no muy arriba, pero lo suficiente) eran capaz de ver todo lo que pasaba en la finca sin ser vista. Yo casi nunca dejaba que nadie subiera allí conmigo y nadie me lo cuestionaba, se respetaba la jerarquía. A mí me gustaba leer. Leía casi de todo, pero novela erótica lo que más. Me quedaba absorta en mi lectura y cuando terminaba una página alzaba la vista para asegurarme de que todo seguía bien. Después de cada capítulo hacía un control más exhaustivo. Por supuesto, también estaba atenta a cualquier ruido, que normalmente era algún grito de mi prima Inés, que le ...
... asustaban todos los bichos, incluso las moscas. A mí me gustaba mucho la casa árbol desde siempre, pero en aquel momento la valoraba principalmente por ver sin ser vista. Así podía controlarlo todo y a la vez saciar mi apetito sexual masturbándome mientras me imaginaba siendo la protagonista de mis lecturas. Ese verano era el que más salida estaba. Me hubiese follado a casi cualquiera. Yo estaba segura de que caería incluso con el tonto del pueblo si no encontraba antes un ligue. Estaba dispuesta a todo por probar el sexo, por perder la virginidad. Había tenido experiencias lésbicas con mis amigas, pero mi himen seguía intacto. Así que los primeros días en el pueblo estuve buscando candidatos. No salía mucho de casa porque no quería acabar con cualquiera y yo sabía que llegado el momento no iba a ser capaz de contenerme. Desde la casa árbol, entre paja y paja, se me ocurrían candidatos. Mi perfeccionismo me impedía decidirme, siempre encontraba algún defecto que me echaba para atrás. Que si muy asqueroso, que si muy feo, que si muy mujeriego, que si muy creído... Por lo que sea, en ese momento de incertidumbre pensé en mi primo Mateo, que era el quinto por edad. Era limpio, pulcro incluso después de pasar el día entero en el campo; no era el más guapo del mundo, pero era guapete, resultón; por su edad me imaginaba que era virgen, o que, como mucho, habría estado con una chica; y humilde, la persona menos creída que he conocido. Nos separaban siete años, él aún no había dado ...