1. Mi primito: La primera vez


    Fecha: 14/10/2026, Categorías: Incesto Autor: Lena Hache, Fuente: TodoRelatos

    ... poder mirarlo a la cara mientras nos desvirgábamos el uno al otro. El primer intentó de penetración fue en mi uretra, no en mi vagina, pero yo le agarré el pene y lo puse en el lugar adecuado.
    
    - Ahora sólo tienes que empujar. - Le dije.
    
    A la segunda fue la buena. Su polla era lo suficientemente grande para que me sangrara el coño y lo suficientemente pequeña para no me doliera perder la virginidad. Los dos nos movíamos muy torpemente, pero los besos eran perfectos. La forma en la que me comía las tetas, ¡Uf! ¡Qué gusto! Cómo me las dejó de babas. Yo le mordisqueaba la nariz cada vez que tenía la oportunidad, y mientras me mamaba las tetas mi boca le mordisqueaba la oreja, a veces una y a veces la otra. Yo me veía un poco tonta porque sentía que mordisqueándole la nariz y las orejas no le devolvía todo el placer que me daba al chuparme las tetas, pero enseguida entendí que para él el placer se lo proporcionaba el acto de comerme las tetas, que su boca jugara con mis pezones. Con ese contexto no tardamos en corrernos, que fue a la vez, más por ver la cara de placer del otro que por el acto en sí. Su semen acabó dentro de mi coño. Él se alteró por la posibilidad de dejarme embarazada. Yo ...
    ... estaba muy tranquila. Yo ya tenía capacidad, y contactos, para organizarme una vida independiente. Él estaba más preocupado por lo que dirían nuestros padres al enterarse, pero tampoco era tan grave. Estábamos en el pueblo, todos eran primos de todos. El abuelo, por ejemplo, era tan primo de la abuela como Mateo lo era de mí.
    
    Recapacitó y se relajó unos segundos, hasta que se dio cuenta de la edad. Estaba empeñado en que era muy pequeño para ser padre.
    
    - Pues no diré que es tuyo.
    
    - ¿Y si lo descubren?
    
    - Si lo descubren dejo que digas que te violé. - Le contesté sabiendo que las posibilidades eran remotas.
    
    Se quedó algo más tranquilo.
    
    - Si te quedas embarazada nos casamos.
    
    - Eso, y si no estoy embarazada no pararemos hasta que lo esté. - Le contesté en broma, pero fantaseando con que se hiciese realidad.
    
    Nos quedamos acurrucados en el suelo. Sus manos estaban en mis tetas, una de mis manos estaba en su pene y la otra en mi coño. Y nuestras bocas... ¡Ay nuestras bocas! Nuestras bocas estaban a todo a la vez, a morrearnos, a darnos besitos por el cuello, a susurrarnos cursiladas románticas y guarradas, y a volver a morrearnos. Así hasta que llegó la hora de volver a casa. 
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