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Un viaje sin retorno
Fecha: 15/10/2026, Categorías: Confesiones Autor: Fituplus, Fuente: TodoRelatos
... al asiento. Arrancó. Pensé que me llevaría a algún lugar cercano y seguro. Era obvio que no íbamos a quedarnos en aquella calle. No obstante, el viajecito se me hizo eterno. Sentía como un vacío en mi estómago. Hacía rato que habíamos salido de la ciudad y aún seguíamos en ruta. Me comentó que pararíamos en un descanso de carretera donde habitualmente suele parar. Durante el trayecto hablamos de cosas triviales, aunque pronto la conversación se volvió más íntima. Yo le confesé que no tenía demasiada experiencia; él me dijo que no era gay, pero que de vez en cuando le gustaba experimentar. Vamos, más o menos, como yo. A pesar del aire acondicionado, yo sudaba. Sentía que estaba cruzando un límite del que ya no habría marcha atrás. Cuando por fin aparcó en un lugar tranquilo, me señaló la parte trasera de la cabina, donde había una cama. Entendí que había llegado el momento. Empapado en sudor de pies a cabeza, la camiseta se me pegaba al cuerpo y mis pezones resaltaban tras el tejido. Me desnudé poco a poco, como si quisiera alargar la tensión de la espera. Lo cierto es que estaba muy torpe y nervioso. No atinaba a mantenerme de pie y me desnudé sentado en esa cama. Me fijé en su pene y lo tenía muy erecto. Estaba muy excitado. Me lo puso delante de la cara y, sin pensármelo dos veces (habíamos ido a jugar, ¿verdad?), me arrodillé en el poco espacio del que disponía y se lo agarré con una mano llevándomelo a la boca. Con la otra mano, le masajeaba los huevos, que también ...
... estaban muy duros. Había mucho que exprimir ahí. El gemía de placer. Poco a poco, fui tomando confianza y me lo fui tragando cada vez más profundamente. De vez en cuando, tenía arcadas, pero sabía que eso le excitaba más. Se la ensalivé bien con mi lengua, pelando su polla mientras se la frotaba suavemente con mi mano. Noté una agradable sensación al sentirla cada vez más y más dura, mientras palpitaba en mi boca como si tuviera vida propia. No obstante, me mantenía alerta para que no se corriera en ella. Me apetecía que me penetrara, así que fui bajando el ritmo. Mientras se la seguía frotando con una mano, y le acariciaba el glande con mi lengua, con la otra busqué la caja de preservativos que guardé en la mochila. Toqué los grilletes, pero los dejé en la bolsa. Acto seguido, fui tirando sutil y lentamente de la anilla del plug para terminar de quitármelo. Sentí un moderado alivio cuando lo saqué completamente. El mensaje estaba claro. No le pareció mal y mientras el seguía meneándosela, yo preparaba la gomita para ponérsela. Fue fácil. Cogí mi tubo de lubricante y me subí a la cama colocándome con el culito en pompa. Me apliqué un poco del producto en los dedos y me los metí por el ano. Juan me quitó el tubo y se untó un poco en sus dedos para metérmelos también. Estaba algo molesto por el tiempo que había estado con el plug, pero el lubricante contenía Aloe vera que me calmaba y refrescaba. Nuestros gestos se volvieron más atrevidos, más urgentes. Nos dejamos llevar por ...