1. Un viaje sin retorno


    Fecha: 15/10/2026, Categorías: Confesiones Autor: Fituplus, Fuente: TodoRelatos

    ... una excitación que no admitía frenos. Sentí como el colchón se hundía cada vez más conforme él se colocaba detrás de mí. Llegó el momento que tanto ansiaba, pensé. Me relajé lo más que pude y esperé. Juan seguía extendiéndome el lubricante con sus dedos. Mi ano estaba muy dilatado y perfectamente entraban tres, incluso cuatro dedos. De pronto, me agarró un glúteo y tirando de él con fuerza hacia un lateral, empezó a meter la punta de su pene por mi raja, guiándolo con su otra mano. Notaba como su carnoso y turgente glande llamaba a la puerta. Una vez ubicado en el lugar correcto, empezó a empujar lentamente. A pesar de estar suficientemente dilatado y no ofrecer resistencia, costó un poquitín. Tuve una punzada de dolor, pero aguanté hasta notar como el esfínter cedía completamente. Su polla se deslizó hacia mi interior como succionándola y solté un gemido entre placer y dolor. Él hizo lo mismo, pero solo de placer, como cabía esperar. Agarrándome fuerte el culo con las dos manos, siguió empujando cada vez más. Me agarró de los brazos y me los estiró hacia delante para que me terminara tumbando ...
    ... completamente boca abajo. Tenía todo el peso de su cuerpo sobre mi espalda. Yo sudaba y jadeaba. Sentía su fuerza contra mi cuerpo y mi respiración entrecortada me delataba. Él se tomó su tiempo. Su polla estaba bien dentro y yo se la apretaba con mis glúteos. De pronto, paró por un instante y, acto seguido, soltó un potente grito mientras su cintura se movía rítmicamente el tiempo suficiente como para bombear toda su leche. Yo gemía, mientras su profunda respiración se proyectaba en mi nuca. Cuando terminó de follarme, salió de mi interior y vi como la gomita estaba llena de ese fluido viscoso y blanquecino. Se había despachado bien a gusto. Yo también estuve a puntito de correrme, pero no me dio tiempo. Estaba más preocupado por portarme bien y darle placer.
    
    Fue una mezcla de descubrimientos, de sensaciones intensas y de un placer nuevo que me atrapó sin remedio. Yo, que no sabía si estaba preparado, terminé rindiéndome a la experiencia. Esa tarde, entre los muros metálicos de un camión, entendí que, en realidad, lo que buscaba era comprobar qué había dentro de mí. Y lo encontré. ¿O fue él? 
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