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Impulso hacia la lujuria- La secuela 2
Fecha: 19/10/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: WithoutShame, Fuente: TodoRelatos
... hasta que empezó a entrar. - ¿Esto es lo que quería Padre? ¿Quería metérmela por el culo? ¿Se le pone dura cuando me lo ve, ehh? ¿Le gusta correrse en mi trasero verdad? No le respondí y ella fue moviéndose lentamente arriba y abajo introduciéndosela cada vez más. Yo estaba desesperado por clavársela entera y no podía aguantar el ritmo lento con el que ella se la estaba introduciendo, así que comencé a mover mi cadera para penetrarla completamente lo antes posible. Debía tener todavía el culo dilatado de su viaje en metro del día anterior porque no me costó nada enterrarla completamente en su trasero. En cuanto la tuvo metida entera volvió a dejarse caer sobre mí, impidiendo que me moviera con su peso. - Venga Padre, dígame cuanto le gusta abrirme el culo con su polla, dígame cuanto le gusta correrse en él. Si no me lo dice voy a seguir moviéndome muy despacio. Empezó a moverse de nuevo pero, tal y como había dicho, se la sacaba y se la metía muy lentamente, yo intenté motivarla a moverse más rápido metiendo varios dedos en su vagina y apretándole los pezones pero ella siguió con su ritmo parsimonioso. Estaba a punto de claudicar y reconocer que me encanta metérsela por el culo y correrme en él cuando escuché la voz de la feligresa que tenía problemas con su jardinero al otro lado de la celosía. Después del saludo habitual en el confesionario me dijo: - Padre, he vuelto a pecar. Intentando que mi voz sonara lo más normal posible comencé a confesarla mientras ...
... seguía siendo cabalgando lentamente al tiempo que jugaba con mis manos en los atributos de mi joven feligresa. - Dime hija ¿Como ha sido esta vez? - He seguido su consejo y cada vez que ha venido el jardinero me he ausentado de casa. Pero ayer me dijo que estaba a punto de terminar de instalar el riego y quería enseñarme como funciona, así que me tuve que quedar. Mientras él terminaba de montarlo yo estuve repasando unas facturas para distraerme y mirar lo menos posible como se le marcaban los músculos mientras trabajaba. Cuando terminó, llamo a la puerta y yo salí, me lo encontré sudoroso, muy cerca mio. Percibí el olor que desprendía y que ya le comenté que hacía despertarse en mí el animal que todos tenemos dentro. Me llevó a un pequeño cobertizo que tenemos en el jardín para guardar las herramientas y algunos trastos, allí era donde había instalado el programador y las cosas del riego. Tenemos el cobertizo hecho un desastre con trastos por todos lados, él había colocado el programador muy cerca del suelo en una esquina y teníamos el sitio justo para estar los dos mirándolo, al ponernos de cuclillas para que me enseñara su funcionamiento nuestros cuerpos no paraban de rozarse, mientras tanto yo estaba muy preocupada por no abrir las piernas y que no se me subiese la falda. Tuvo que repetirme varias cosas muchas veces porque entre lo complicado de la postura, el roce de nuestros cuerpos y que cada vez su olor iba impregnando más la estancia y se hacia más intenso, no ...