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Secretos de Familia: Mi Madre, Su Perro y el Placer Prohibido
Fecha: 19/10/2026, Categorías: Dominación / BDSM Incesto Zoofilia Autor: lordlunatico, Fuente: SexoSinTabues30
... sostén de mi hermana y comenzó a presionar y acariciar sus senos. — ¿Te gusta, papi? —preguntó mi hermana. — Sí, mi amor —respondió mi padre. En eso, mi hermana se bajó el sostén, dejando sus senos expuestos. — Ayúdame a quitar esto —dijo ella, y mi padre desabrochó el sostén y luego lo lanzó a la cama. Mi hermana se giró un poco y metió su mano en el bóxer de mi padre, tomando su pene y comenzando a masturbarlo. Mi padre, con una mano, se bajó los bóxer y, con ayuda de su pie, se los terminó de sacar. Estaba totalmente erecto. — ¿Qué quieres que hagamos primero, papi? —preguntó mi hermana. Mi padre se sentó en la parte inferior de la cama. — Ven, princesa —le dijo a mi hermana. Ella se acercó y comenzó a desabrocharle el short para luego bajarlo y quitárselo por completo. — Date vuelta, amor —dijo mi padre, y mi hermana obedeció. Se empinó un poco, abriendo algo las piernas. Mi padre comenzó a acariciar las nalgas de mi hermana para luego besarlas y, posteriormente, con ambas manos, abrió las nalgas de mi hermana como si fuera un libro, metió su cabeza entre ellas. Mi hermana comenzó a gemir de una manera muy rica. — ¡Qué rica se siente tu lengua, papi! —dijo mi hermana. Mi padre se levantó y recostó a mi hermana en la cama. Él se subió encima de ella, entre sus piernas abiertas. Primero la comenzó a besar y, con su mano, fue dirigiendo su pene a la entrada de la vagina de ella. Poco a poco, la fue penetrando. Mi hermana comenzó a moverse, poco a poco ...
... fue subiendo el ritmo, pero ellos no dejaban de besarse. — Papi, más despacio aún no quiero que te vengas —dijo mi hermana. Luego, se giraron, quedando mi hermana arriba de él. Como si estuviera de cuclillas, tomó el pene de nuestro padre y lo introdujo en su vagina, comenzando a subir y bajar. Era como si brincara sobre él. Sus gemidos eran fuertes y su respiración de ambos era intensa. — ¡Papi, tu pene se siente tan bien! —gritaba mi hermana. Luego, el viento me jugó una mala pasada. Se azotó la puerta de la entrada, la que habíamos dejado abierta. Ambos voltearon y yo salí rápido de ahí como un loco, corriendo por las escaleras. No quería que me vieran. Regresé a casa impactado. En mi cabeza no cabía lo que había visto. Mis ilusiones de volver a estar juntos se esfumaron de inmediato. Cuando llegué a casa, mi madre se estaba bañando. — ¿Eres tú, hijo? —preguntó al escuchar que entré. — Sí, soy yo —respondí. — Vale, hijo. Nos estamos bañando Gordo y yo. En un momento salgo. Si no te preocupes, voy a mi habitación —le dije. Esa tarde, me quedé pensando en lo que había visto. La situación era más complicada de lo que había imaginado. Mi madre, por un lado, y mi padre y mi hermana, por el otro, parecían estar enredados en una red de secretos y deseos ocultos. Pasó una semana. Ya me había hecho a la idea de que nada sería igual. Había quedado con unos amigos para ir a tomar unas cervezas, así que le avisé a mi madre que llegaría tarde. Fuimos a un ...