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Un jefe con un secreto (I)
Fecha: 20/10/2026, Categorías: Gays Autor: ShatteredGlassW, Fuente: CuentoRelatos
... comida había estado bien, pero ahora volvía a mostrar señales evidentes de estar sufriendo. Preocupado se sentó a su lado en el taxi, planteándose qué podía haberle pasado. Al llegar a la casa de su jefe, le costó tres intentos a Diego salir del coche. Dejando que la preocupación pudiese con él, Sebas salió del vehículo y despidió al taxista. Ya pediría otro para él. –Sebas ¿qué haces? –No estás bien, voy a dejarte dentro. No creo que puedas subir sólo las escaleras. Diego iba a protestar cuando se percató de los doce escalones del porche delantero de su casa. Iba a volver a rechazar la petición de Sebas cuando este le agarró del brazo, soportando parte de su peso. Por debajo del tejido de la ropa, muy fina para las temperaturas de la noche, podía notar el cuerpo cálido y musculado de Sebas, que había tomado el mando con toda facilidad. Cediendo el control se apoyó en el joven que casi le remolcó escaleras arriba. En contra de lo esperado no le soltó en el porche, se quedó a la espera mientras abría la puerta. El interior de la casa de Diego apestaba a dinero por los cuatro costados. No era algo ostentoso, pero se notaba la calidad y el lujo en el mobiliario de diseño y en los materiales de calidad que conformaban la edificación. En mitad del pasillo principal, sin embargo, se encontró con la sorpresa de una escalera en forma de caracol que subía al piso superior. Con un resoplido afianzó más el agarre sobre su jefe que sin embargo se desasió de su ...
... control. –Gracias, Sebas. No te preocupes, puedo dormir aquí abajo. –¿Tu dormitorio está abajo? –preguntó dispuesto a ayudarle de nuevo. –No, está en el piso de arriba, pero puedo quedarme abajo. La mirada incendiaria que le dedicó bastó para hacerle callar. Cuando su empleado volvió a sujetarle dejó caer su peso sobre él, empleándole a modo de muleta mientras ascendían las escaleras. En cuanto vio la puerta de su dormitorio, sin embargo, intentó detenerlo de nuevo. Enderezándose e intentando soportar su peso sin que su rostro denotase lo que le costaba. Se había excedido demasiado hacía unos días, pero su empleado no necesitaba ver más. –Gracias por todo, Sebas, pero ahora será mejor que te marches. Mañana los dos tenemos trabajo que hacer. –Ya he subido hasta aquí, te ayudaré a llegar a la cama. –Sebas… El joven se detuvo de golpe. Incluso en su estado captaba que podía estar excediéndose, cruzando demasiados límites. Sin embargo, sabía que su jefe necesitaba su ayuda. Diego era demasiado orgulloso a veces, si eso era lo que le impedía aceptar su apoyo, que le diesen. No le iba a dejar en la estacada. –Vamos, jefe. No seas así, ¿te preocupa que vea que tienes el cuarto desordenado o algo? Antes de que pudiese responder, abrió la gran puerta de caoba que daba al dormitorio. Diego intentó detenerle, moviéndose más deprisa de lo que podía en su estado. No llegó a tiempo. Los ojos castaños de Sebas se abrieron de par en par al tiempo que sus mejillas se teñían de ...