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Brillando en Tacones: La Metamorfosis de Esteban
Fecha: 23/10/2026, Categorías: Transexuales Autor: AnaisBelland, Fuente: TodoRelatos
... ineludible: “Ayyy los amo imagina lo que se siente estar sobre ellos… tan arriba, tan vista… tan boba y brillante, jiji ” Esteban sintió un cosquilleo en la nuca. ¿Por qué le parecía tan excitante la idea? Siguió caminando. Más rápido. El corazón latiendo sin motivo. En su edificio, se cruzó con un adolescente que bajaba del ascensor. Le miró el corte, le miró los zapatos. Luego soltó una sonrisa medio burlona y dijo: —Te ves... diferente, señor. Esteban no supo si fue un cumplido o una provocación. La voz interna no dejó dudas: “Obvio que nos vemos distinta. Mejor. Brillamos, cariño. Que lo miren bien... porque vamos a cambiar TODO.” Ya en casa, abrió su laptop. Quería repasar su presentación. Pero algo lo llevó a abrir otra pestaña. Buscó “tacones transparentes 9 pulgadas”. Luego “tacones bimbo”. Luego… simplemente observó imágenes por minutos. El cursor temblaba. Su otra mano estaba apoyada sobre su pecho, como si buscara latidos. “Shhh... imagina caminar así. Zas zas zas... cada paso diciendomírame. Cada centímetro de ti gritandomuñeca.” Se sintió absurdamente excitado. Culpable. Confuso. Encendido. Esa noche soñó. No era Esteban. Era otra. Cabello larguísimo, labios ultra brillantes, pestañas como plumas. Estaba en una sala dorada, con hombres alrededor. Todos la miraban. Le ofrecían tragos. Le acariciaban el brazo. Ella reía. Jugaba. Se inclinaba. Y en sus pies…los tacones transparentes de nueve pulgadas. Como si siempre ...
... hubieran sido parte de ella. “Ayy papi... ¿te gusta mi vestido? Me hace ver tan boba y feliz” Se despertó agitado. Y su mano… otra vez, estaba sobre su pecho. Pero esta vez...le pareció más lleno. El lunes empezaba. Pero Esteban ya no era solo Esteban. Algo se había infiltrado. Una voz. Una imagen. Un deseo. Y lo más inquietante…le gustaba. Capítulo 2: Latencia La luz de la mañana entraba tamizada por las cortinas del departamento. Esteban despertó con una extraña sensación en el pecho: no de angustia, sino de... presencia. Como si no estuviera solo en su propia mente. Como si algo dentro de él respirara con él. Fue al baño, arrastrando los pies, aún medio dormido. El espejo le devolvió una imagen inquietante. No era drásticamente distinta, pero algo vibraba bajo la superficie. ¿Su piel? Más suave. ¿Su pecho? ¿Siempre se había marcado así al respirar? Entonces la escuchó de nuevo. No como un eco, sino como una compañera sentada a su lado, invisible, íntima, insinuante: —Mmm... esos pelitos, babe... ¿no te darían ganas de sentirte lisita? Toda, todita... como una muñeca nueva, brillante y sin preocupaciones. Esteban tragó saliva. Negó con la cabeza. Se echó agua fría. Respiró hondo. No podía dejarse arrastrar por una fantasía. Tenía que vestirse. Tenía una reunión que podía cambiar su carrera. Fue a su closet. Tomó su camisa blanca de siempre. El pantalón de pinzas azul marino. Lo de siempre. Lo seguro. Pero el silencio no duró mucho: —¿Otra ...