1. Internado Femenino Santa Cecilia 3


    Fecha: 23/10/2026, Categorías: Transexuales Autor: Birkin1990, Fuente: TodoRelatos

    ... protesta bajo el impacto repentino cuando Mari tiró de Elvira y la arrojó sobre el colchón hundido. Ella lanzó un quejido de sorpresa, un "¡Ay!" que fue mitad queja, mitad excitación. Sus ojos, detrás de los lentes que se le habían torcido, se abrieron como platos, pero no con miedo. Con una chispa de algo que no había brillado en ellos en años: emoción cruda.
    
    —¡Así! —jadeó, sus manos con venas azules aferrándose a las sábanas raídas—. ¡Más bruto! ¡Como en mis tiempos!
    
    Mari, encaramado sobre ella, sintió el permiso como un látigo. Se inclinó y, con una brusquedad que hizo gritar a la mujer, capturó uno de sus pechos caídos a través de la fina tela del camisón. La textura era floja, la piel como papel de seda sobre un volumen que ya no tenía firmeza. Pero él no la trató con delicadeza. La apretó con la boca, mordisqueó el pezón aplanado a través de la tela hasta que se endureció bajo su asalto. Los gemidos que salieron de Elvira ya no fueron de nostalgia, sino de un placer presente y shockeante. Agarró su cabeza, enredando los dedos en su cabello, empujándolo contra su pecho como si quisiera extraerle hasta la última gota de sensación.
    
    Pero Mari no se detuvo ahí. Quería, necesitaba, dominar la situación, aunque solo fuera por unos minutos. Agarró sus delgadas piernas, sintiendo la frialdad de su piel y el trazo de las venas bajo sus dedos. Con un movimiento firme, se las levantó y colocó sobre sus hombros, doblando a la anciana profesora casi por la mitad. La ...
    ... postura era invasiva, exponiéndola por completo. Desde allí, la entrada a su sexo, pálido y poco utilizado, se veía vulnerable y tensa.
    
    Elvira emitió un sonido de pánico genuino. —¡Espera! ¡Ahí no! ¡Hace... décadas! —suplicó, tratando de liberarse, pero su fuerza era nada contra la de él.
    
    Mari no escuchó. O sí escuchó, y eso lo excitó más. La punta de su miembro, ya lubricada por sus esfuerzos previos y por el aceite que ella misma había aplicado, buscó no la entrada frontal, sino la otra, la más prohibida, la que llevaba aún más tiempo en el abandono. El anillo muscular, estrecho y sin preparación, se contrajo al primer contacto.
    
    —¡No! —gritó Elvira, pero su cuerpo arqueado y sus manos aferradas a sus brazos contaban una historia de miedo mezclado con una curiosidad abismal.
    
    Mari apuntó y empujó. Hubo resistencia, un quejido de dolor real de ella, y la sensación de una opresión casi insoportable para él. Pero la desesperación de ella por sentir algo y la frustración acumulada de Mari, vencieron la resistencia. Con un empuje final, brutal, se abrió paso.
    
    El grito de Elvira se cortó de repente. Sus ojos se desorbitaron, llenos de lágrimas. No era un grito de placer, sino de un dolor agudo y desgarrador mezclado con la abrumadora realidad de la penetración. Estuvo inmóvil un momento, conteniendo la respiración, sintiendo cómo su cuerpo se desgarraba minuciosa y literalmente para acomodarlo.
    
    Mari, dentro de esa calidez agonizante y apretada, comenzó a moverse. Eran ...